Artrosis de rodilla: síntomas, tratamiento y ejercicios

Por Enric Gallofré · Fisioterapeuta y Osteópata · Col. nº 11099 · Última revisión:

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Respuesta corta: La artrosis de rodilla es el desgaste del cartílago dentro de un proceso que afecta a toda la articulación, con dolor mecánico y rigidez en el día a día.

El cartílago perdido no se recupera, pero los síntomas sí mejoran en la mayoría de los casos: el ejercicio terapéutico, sobre todo la fuerza de cuádriceps y glúteo, es la primera línea de tratamiento y la que más evidencia tiene, por delante de fármacos, infiltraciones y cirugía.

Rodilla con artrosis valorada en consulta de fisioterapia

Si te han dicho que tienes artrosis de rodilla, o gonartrosis, es probable que salieras de la consulta con dos ideas en la cabeza: «desgaste» y «esto ya no tiene arreglo». La primera se queda corta y la segunda es sencillamente falsa. El cartílago perdido no vuelve, cierto; pero el dolor y la función sí mejoran, y bastante, cuando se trabaja lo que sí está en tu mano. En esta guía te explico qué ocurre realmente dentro de una rodilla con artrosis, cómo se diagnostica, qué frena su avance y cuál es el tratamiento con más respaldo científico a día de hoy.

Artrosis de rodilla: siete ejercicios y cómo progresar con ellos. Al reproducirlo se carga YouTube.

¿Qué es la artrosis de rodilla?

La artrosis (u osteoartritis) de rodilla se define clásicamente como el desgaste progresivo del cartílago articular, esa capa lisa que recubre los extremos del fémur, la tibia y la rótula y permite que la rodilla se mueva sin rozar. Pero quedarse ahí es quedarse a medias: hoy sabemos que la artrosis es un proceso que implica a toda la articulación, no solo a una capa de cartílago.

En una rodilla artrósica cambian varias cosas a la vez:

  • El cartílago pierde grosor y capacidad de amortiguar.
  • El hueso que hay debajo se remodela: aparecen osteofitos (los «picos» que se ven en la radiografía) y, en algunas fases, edema óseo.
  • La membrana sinovial se inflama a ratos, y eso explica los brotes de dolor con hinchazón y, a veces, un quiste de Baker detrás de la rodilla.
  • Los meniscos se degeneran y la musculatura que estabiliza la rodilla, el cuádriceps por delante de todos, pierde fuerza.

Ese último punto es capital: la pérdida de fuerza no es solo una consecuencia de la artrosis, también es uno de sus motores. Y, a diferencia del cartílago, la fuerza se recupera a cualquier edad. Ahí es donde entra el tratamiento.

Por qué el dolor no siempre coincide con la radiografía

Es lo que más sorprende en consulta: la imagen y los síntomas van por caminos bastante independientes. Hay personas con radiografías de artrosis avanzada que caminan kilómetros sin apenas molestias, y personas con cambios leves que lo pasan francamente mal. Los estudios poblacionales lo repiten desde hace décadas: la correlación entre el grado radiológico y el dolor es, como mucho, moderada.

¿Por qué ocurre? Porque el cartílago no duele: no tiene terminaciones nerviosas. Lo que duele es lo que hay alrededor (sinovial, hueso, cápsula, tendones, músculo) y cuánto lo irritan tus cargas del día a día, tu fuerza disponible, tu descanso y tu grado de sensibilización al dolor. Dicho de otro modo: casi todo tu margen de mejora está fuera de la radiografía.

Síntomas: cómo se manifiesta la artrosis de rodilla

  • Dolor mecánico: aparece o empeora con la actividad (caminar rato, escaleras, levantarte de la silla, cargar peso) y mejora con el reposo relativo.
  • Rigidez matutina corta, de menos de 30 minutos, y también al arrancar tras estar mucho rato sentado: los primeros pasos cuestan y luego la rodilla «se engrasa».
  • Pérdida de movilidad: cuesta doblar del todo o estirar la rodilla por completo.
  • Crujidos y roces al mover la rodilla. Por sí solos, no son un signo de gravedad ni miden el desgaste.
  • Hinchazón intermitente, en brotes, sobre todo tras excesos puntuales de actividad.
  • Sensación de fallo o de inseguridad, casi siempre por debilidad e inhibición del cuádriceps más que por una inestabilidad real del ligamento.

La artrosis afecta con más frecuencia al compartimento interno de la rodilla, así que el dolor en la cara interna es muy habitual. Ojo ahí, porque en esa misma zona duele la tendinitis de la pata de ganso, que es otra cosa y responde muy bien al tratamiento. Y cuando el dolor se localiza sobre todo delante, al bajar escaleras o al levantarse tras estar sentado, conviene valorar además un síndrome femoropatelar.

Cómo se diagnostica (y cuándo no hace falta resonancia)

El diagnóstico de la artrosis de rodilla es fundamentalmente clínico. Las guías internacionales coinciden: en una persona mayor de 45 años con dolor de rodilla relacionado con la actividad y rigidez matutina de menos de 30 minutos, el diagnóstico puede hacerse sin ninguna prueba de imagen.

La radiografía en carga (de pie) es la prueba de elección cuando se quiere confirmar o graduar: muestra el estrechamiento del espacio articular, los osteofitos y la esclerosis del hueso, y sirve para ver qué compartimento está más afectado y para planificar si algún día se plantea cirugía.

La resonancia magnética no es necesaria en la artrosis típica y con frecuencia genera más ruido que información: encuentra roturas meniscales degenerativas, condropatías y edemas óseos que forman parte del propio proceso y que casi nunca cambian el tratamiento. Tiene sentido cuando hay bloqueos verdaderos, sospecha de otra lesión (por ejemplo, una lesión de menisco tras un traumatismo claro) o una evolución que no encaja con lo esperado.

Caso aparte es el edema óseo extenso o con hundimiento del hueso bajo el cartílago: ahí sí toca bajar la carga durante meses y, si tu trabajo es físico, suele hacer falta parar una temporada. Los plazos orientativos y los criterios para volver los desarrollamos en la guía sobre cuánto dura la baja por un edema óseo.

Sí conviene una valoración médica, con analítica si procede, cuando el cuadro sugiere una artritis inflamatoria: rigidez matutina larga, varias articulaciones afectadas a la vez, hinchazón importante y persistente o síntomas en personas jóvenes sin antecedente de lesión.

Factores de riesgo: qué acelera y qué frena la progresión

FactorQué papel juega
EdadEl principal factor no modificable: la prevalencia sube de forma clara a partir de los 50-55 años
Peso corporalCada kilo de más multiplica la carga que soporta la rodilla al caminar; perder un 5-10% del peso se asocia a menos dolor y mejor función
Fuerza del cuádricepsLa debilidad precede y agrava los síntomas; es el factor modificable con más recorrido de todos
Lesiones previasRoturas de ligamento cruzado, meniscectomías o fracturas articulares adelantan la aparición de artrosis años
Sexo y genéticaMás frecuente en mujeres, sobre todo a partir de la menopausia; existe predisposición familiar
Trabajo y deportePesan los extremos: cargas muy altas y repetidas de rodillas, y también el sedentarismo. La actividad moderada protege
Alineación (genu varo o valgo)Condiciona qué compartimento sufre más y a qué velocidad progresa

Fíjate en dónde está el peso de la lista: la edad, el sexo y la genética no se tocan, pero fuerza, peso y actividad, que son los factores que más pesan en el resultado, dependen en buena medida de ti. Añade el tabaco y un descanso pobre a la ecuación, porque empeoran la tolerancia al dolor y la recuperación entre sesiones.

Tratamiento de la artrosis de rodilla: qué funciona

Todas las guías de práctica clínica actuales coinciden en el mismo orden: ejercicio, educación y control del peso son la primera línea, siempre, antes que cualquier fármaco, infiltración o cirugía. El resto son complementos, y su mejor papel es permitirte hacer bien esa primera línea.

Ejercicio terapéutico: el tratamiento con más evidencia

El ejercicio es, hoy por hoy, lo único que ha demostrado de forma consistente reducir el dolor y mejorar la función en la artrosis de rodilla, con un efecto comparable al de los antiinflamatorios orales y sin sus riesgos. No hay un ejercicio mágico: funcionan los programas de fuerza, los de ejercicio aeróbico y los mixtos, siempre que estén bien dosificados y se sostengan en el tiempo.

El modelo de referencia son los programas tipo GLA:D (Good Life with osteoArthritis in Denmark): en torno a 12 sesiones supervisadas repartidas en 6-8 semanas, que combinan educación sobre la enfermedad con ejercicio neuromuscular (control de la rodilla, fuerza de cuádriceps y glúteo, equilibrio) y continuidad en casa. Los registros de decenas de miles de pacientes muestran mejoras del dolor y de la capacidad de caminar que se mantienen al año, con menos consumo de analgésicos.

Dos matices que en la práctica marcan la diferencia. El primero: el ejercicio puede molestar un poco, y eso no significa que estés dañando la articulación; una molestia tolerable que se calma en 24 horas es aceptable. El segundo: necesita tiempo. Los cambios que cuentan aparecen entre las 6 y las 12 semanas, no en la tercera sesión.

Terapia manual y otras técnicas: buen complemento, mal sustituto

  • Terapia manual (movilizaciones articulares y trabajo de tejidos blandos): mejora el dolor y la movilidad a corto plazo y, sobre todo, abre una ventana para que puedas entrenar mejor. Combinada con ejercicio rinde más que por separado.
  • Radiofrecuencia o diatermia tipo INDIBA y otros agentes físicos: ayudan a bajar dolor e hinchazón en los brotes. Los usamos como analgesia, no como tratamiento de fondo; los tienes en Barcelona y en Madrid.
  • Neuromodulación y electroterapia: útiles cuando hay una inhibición marcada del cuádriceps o un dolor que impide avanzar con el ejercicio. Puedes hacer neuromodulación en Barcelona y en Madrid.
  • Frío y calor: seguros, baratos y razonablemente eficaces como alivio. Calor para la rigidez, frío para los brotes con hinchazón.
  • Bastón, plantillas o rodilleras: en casos concretos descargan la rodilla y permiten caminar más y mejor. El bastón se lleva en la mano contraria a la rodilla que duele.

Lo que no recomendamos como base del tratamiento son las sesiones interminables de camilla pasiva: alivian el rato y no cambian nada a tres meses vista.

Educación en dolor y gestión de la carga

Entender qué es la artrosis cambia cómo te comportas con tu rodilla. Dos ideas que repito en cada primera visita. Una: dolor no equivale a daño; una rodilla artrósica puede doler simplemente porque se ha irritado por un exceso puntual. Y dos: el objetivo no es evitar el dolor a toda costa, sino ampliar poco a poco lo que la rodilla tolera. Los brotes forman parte del proceso y se gestionan bajando carga unos días, no abandonando el plan.

Ejercicios para la artrosis de rodilla

Estos son seis ejercicios con los que solemos empezar. Regla general para dosificarlos: una molestia de hasta 4 o 5 sobre 10 durante el ejercicio es aceptable si al día siguiente la rodilla está como siempre. Si al día siguiente está peor, reduce repeticiones, recorrido o carga; no hace falta abandonar.

  • 1. Isométrico de cuádriceps. Tumbado o sentado con la pierna estirada y una toalla enrollada bajo la rodilla, aprieta la rodilla contra la toalla tensando el muslo y mantén 5-10 segundos. 10 repeticiones, 2 series, a diario. Es el punto de partida cuando la rodilla está muy irritada.
  • 2. Extensión de rodilla sentado. En una silla, estira la rodilla hasta arriba y baja despacio, contando 3 segundos. 10-15 repeticiones, 3 series, 2-3 días por semana. Cuando te resulte fácil, añade peso en el tobillo (una mochila con libros sirve perfectamente).
  • 3. Sentadilla a la silla. De pie y de espaldas a una silla, baja controlando hasta rozarla con los glúteos y vuelve a subir. La altura del asiento regula la dificultad: cuanto más alto, más fácil. 8-12 repeticiones, 3 series, 2-3 días por semana.
  • 4. Subir y bajar un escalón. Con un escalón bajo (10-15 cm), sube con la pierna afectada y baja con ella despacio, controlando el descenso y sin dejar que la rodilla se vaya hacia dentro. 8-10 repeticiones por lado, 2-3 series.
  • 5. Puente de glúteos. Boca arriba con las rodillas dobladas y los pies apoyados, eleva la pelvis apretando los glúteos y baja despacio. 10-15 repeticiones, 3 series. Una cadera fuerte reparte carga y descarga la rodilla.
  • 6. Caminar (sí, cuenta como ejercicio). 20-30 minutos la mayoría de los días, a un ritmo que te permita mantener una conversación. Si hoy no llegas, empieza por 10 minutos y suma un poco cada semana. La bicicleta estática con poca resistencia y la piscina son alternativas excelentes para los días malos.

Esto es un punto de partida seguro y genérico. Un programa individualizado ajusta cargas, progresiones y frecuencia a tu rodilla, a tu fuerza actual y a tu objetivo: no es lo mismo querer volver a bajar al mercado sin parar que volver a esquiar.

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Qué evitar: errores y mitos que cuestan meses

Error habitualQué hacer en su lugar
«Hueso contra hueso, ya no hay nada que hacer»Es una descripción de la radiografía, no un pronóstico: el dolor y la función suelen mejorar con ejercicio incluso en artrosis avanzada
Reposo prolongado para «no gastar» la rodillaEl cartílago se nutre del movimiento y el músculo se pierde rápido con el reposo; muévete a diario dentro de lo tolerable
Dejar de caminar o de hacer deporte por miedoCaminar, la bicicleta y la fuerza bien dosificados protegen la articulación; la actividad moderada no «gasta» la rodilla
Fiar la mejoría a suplementos (colágeno, condroitina, glucosamina)Su evidencia es débil; el mismo dinero y el mismo tiempo rinden mucho más en un programa de ejercicio supervisado
Encadenar infiltraciones sin plan de rehabilitaciónAprovechar la ventana de alivio para entrenar: la infiltración sola no cambia la evolución
Repetir radiografías cada pocos mesesLa evolución se mide por lo que caminas, las escaleras que subes y cuánto te duele, no por la imagen
Parar del todo al primer broteBajar carga dos o tres días y retomar de forma progresiva; abandonar es lo que empeora la rodilla a medio plazo

Cuándo valorar infiltraciones o una prótesis

El orden importa: estas opciones entran en juego cuando el tratamiento conservador bien hecho no ha sido suficiente. Y «bien hecho» significa algo concreto: al menos tres meses de ejercicio pautado y supervisado, con progresión real de cargas, más control de peso si procede. Diez sesiones pasivas de camilla no cuentan como fracaso del tratamiento conservador.

Infiltraciones

  • Corticoide: alivio potente pero de corta duración, del orden de semanas. Su mejor uso es abrir una ventana para rehabilitar en un brote muy doloroso; repetirlas muchas veces no es buena idea.
  • Ácido hialurónico: efecto modesto y discutido, y varias guías ya no lo recomiendan de rutina, aunque hay pacientes que responden bien.
  • Plasma rico en plaquetas (PRP): los ensayos recientes dan resultados desiguales; no es la solución que a veces se le supone, aunque la investigación sigue abierta.

Conviene decirlo claro: ninguna de las tres regenera el cartílago, por mucho que se anuncie así.

Cirugía

La artroscopia de limpieza en la artrosis de rodilla no está indicada: los ensayos han mostrado que no aporta más que el tratamiento conservador. La osteotomía puede ser una opción en personas relativamente jóvenes con artrosis de un solo compartimento y desalineación.

La prótesis de rodilla es una buena cirugía en el paciente adecuado: dolor persistente que limita el día a día y el descanso, con fracaso del tratamiento conservador y una radiografía que lo respalde. La decisión se toma por tu calidad de vida y con el traumatólogo, no por lo que se ve en la imagen. Si estás en ese punto, o si ya te han operado, te interesa esta guía sobre el postoperatorio y la rehabilitación de la prótesis de rodilla. Y recuerda un detalle que se pasa por alto: llegar a la operación con el cuádriceps fuerte es uno de los factores que mejor predicen cómo te irá después.

Así tratamos la artrosis de rodilla en consulta

Trabajamos por fases, ajustando la carga a cómo responde tu rodilla:

Fase 1: Calmar el brote y recuperar movilidad

Educación sobre lo que tienes (baja el miedo, y el miedo amplifica el dolor), terapia manual y movilización de la rodilla para recuperar la extensión completa, control de la hinchazón y analgesia con agentes físicos si hace falta. En paralelo, isométricos suaves para que el cuádriceps no siga apagándose.

Fase 2: Construir fuerza

El núcleo del tratamiento: fuerza progresiva de cuádriceps, isquiotibiales, glúteo y gemelo, más trabajo de control neuromuscular y equilibrio. Aquí se gana lo que realmente cambia tu día a día, y aquí es donde una progresión bien pautada se nota frente a hacer ejercicios genéricos por tu cuenta.

Fase 3: Volver a tu actividad y sostenerla

Reintroducimos lo que habías dejado (caminatas largas, montaña, pádel, bicicleta) de forma escalonada y te dejamos un plan de mantenimiento corto y realista. Dos sesiones de fuerza a la semana durante años protegen esa rodilla mucho más que cualquier tratamiento puntual.

Todo esto lo hacemos en nuestras clínicas de fisioterapia en Barcelona, Eixample y Gràcia, y de fisioterapia en Madrid, en el barrio de Salamanca: valoración inicial, plan por escrito y seguimiento para ir ajustando cargas. Puedes reservar tu cita online o contarnos tu caso y te decimos con sinceridad si un programa así te encaja. Si quieres seguir leyendo, en el apartado de patologías de rodilla tienes el resto de guías.

Mi opinión como fisioterapeuta

De todas las patologías que veo, la artrosis de rodilla es en la que más daño hace una frase mal dicha. «Tienes la rodilla desgastada» convierte a mucha gente en espectadora de su propia articulación: dejan de caminar, dejan el gimnasio, y en seis meses tienen la misma artrosis y bastante menos músculo. Ese es el verdadero problema, y no el cartílago.

Mi resumen es sencillo. La imagen no manda: manda lo que puedes hacer. El ejercicio no daña tu rodilla, la protege, aunque los primeros días moleste. Y la prótesis no es un fracaso ni una derrota: es una herramienta excelente cuando toca, y llega mejor quien llega fuerte. Entre medias hay muchos años de rodilla útil que se ganan trabajando, no esperando.

Preguntas frecuentes sobre la artrosis de rodilla

¿La artrosis de rodilla tiene cura?

No en el sentido de devolver el cartílago perdido: los cambios articulares no se revierten. Pero eso no equivale a quedarse igual. Con ejercicio pautado, control del peso y buena gestión de la carga, la mayoría de los pacientes reduce claramente el dolor y recupera actividades que había dejado. Se trata de una condición que se maneja bien, no de una cuenta atrás.

¿Es malo caminar o hacer deporte con artrosis de rodilla?

Al contrario: la inactividad es peor. Caminar, la bicicleta, la natación y el trabajo de fuerza bien dosificados mejoran el dolor y la función, y no aceleran el desgaste. Lo que sienta mal son los saltos de carga bruscos (pasar de nada a una excursión de cuatro horas). La progresión gradual es la clave.

¿Sirven el colágeno, la condroitina o la glucosamina?

La evidencia es débil o contradictoria y las guías clínicas actuales no los recomiendan de rutina. No son peligrosos, pero si el presupuesto es limitado rinde mucho más invertirlo en un programa de ejercicio supervisado que en suplementos.

¿Cuánto tardo en notar los efectos del ejercicio?

Los primeros cambios (menos rigidez, más confianza al caminar) suelen aparecer entre la segunda y la cuarta semana. La mejoría de dolor y fuerza que cuenta se consolida entre las 6 y las 12 semanas, y hay que mantener algo de trabajo después para no perderla.

¿Cuándo hay que ponerse una prótesis de rodilla?

Cuando el dolor limita tu día a día y tu descanso, la radiografía muestra artrosis avanzada y un tratamiento conservador bien hecho, al menos tres meses de ejercicio pautado, no ha sido suficiente. La decisión se toma por tu calidad de vida y con el traumatólogo, nunca solo por lo que se ve en la imagen.

¿Frío o calor para la rodilla con artrosis?

El calor va bien para la rigidez, sobre todo por la mañana o antes de moverte; el frío ayuda en los brotes con hinchazón y calor local. Ninguno de los dos modifica la artrosis, pero como analgesia son seguros y baratos: usa el que mejor te siente.

Para seguir leyendo

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Artículos de nuestros fisioterapeutas que desarrollan un aspecto concreto de esta guía.

Enric Gallofré, fisioterapeuta y osteópata

«Ser fisioterapeuta es estar comprometido con el paciente: estar ahí y prepararse para una persona que confía en ti y deja su salud en tus manos.»

Escrito y revisado por Enric Gallofré, fisioterapeuta y osteópata colegiado nº 11099 (Col·legi de Fisioterapeutes de Catalunya).

Director de las Clínicas de Fisioterapia y Osteopatía Enric Gallofré en Barcelona y Madrid: más de 12.000 pacientes atendidos, 554 reseñas (4,9/5) en Barcelona y 270 reseñas (4,9/5) en Madrid, Doctoralia Awards 2018 y 2019.

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