Lesión del ligamento colateral medial (LCM): grados, tratamiento y plazos

Por Enric Gallofré · Fisioterapeuta y Osteópata · Col. nº 11099 · Última revisión:

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Respuesta corta: La lesión del ligamento colateral medial (LCM) es la distensión o la rotura, parcial o completa, del ligamento que impide que la rodilla se abra hacia dentro, y aparece tras un valgo forzado: un golpe en la cara externa, una caída esquiando o un giro con el pie clavado.

Se gradúa del I al III según cuánto se abre la rodilla al explorarla.

La gran noticia es que el LCM está muy bien vascularizado y cicatriza: la mayoría se recupera sin cirugía con carga progresiva, sumando rodillera articulada en los grados altos, en plazos que van de 2-4 semanas en un grado I a 8-12 o más en un grado III.

Futbolista en el suelo tras una lesión de rodilla durante un partido

Un golpe en la parte de fuera de la rodilla, un mal apoyo esquiando o un giro con el pie clavado y, de repente, duele por dentro. Si te han dicho que tienes una lesión del ligamento colateral medial, el LCM o ligamento lateral interno, empiezo por lo principal: es el ligamento de la rodilla que mejor cicatriza y la mayoría de estas lesiones se recuperan sin quirófano. Aquí te explico cómo reconocerla, cómo se gradúa, qué plazos son realistas y cómo la tratamos paso a paso.

¿Qué es el ligamento colateral medial?

El ligamento colateral medial es una banda ancha que va desde el epicóndilo interno del fémur hasta la parte alta de la tibia, por la cara interna de la rodilla. Su función es fácil de entender: impide que la rodilla se abra hacia dentro. Ese movimiento en el que la rodilla se va hacia la línea media mientras el pie se queda fuera es el valgo, y el LCM es su freno principal.

Dos capas que explican muchos síntomas

El ligamento tiene una capa superficial, larga y potente, que es la que aguanta el valgo, y una capa profunda pegada al menisco interno. Por eso, cuando el mecanismo es violento, es frecuente que ligamento y menisco se lesionen a la vez.

La segunda razón es anatómica: el LCM está muy bien vascularizado, mucho más que el ligamento cruzado anterior, que vive dentro de la articulación. Un tejido al que le llega sangre es un tejido que cicatriza, y eso condiciona todo el pronóstico.

Síntomas: cómo reconocer una lesión del LCM

  • Dolor en la cara interna de la rodilla, tan localizado que la mayoría lo señala con un dedo.
  • Aparece tras un mecanismo claro: impacto en la cara externa, caída esquiando o giro con el pie fijo.
  • Hinchazón moderada y localizada por dentro. Si la rodilla se llena de líquido a tensión en la primera hora, sospechamos algo más.
  • Dolor al forzar la rodilla hacia dentro: subir al coche, girarte en la cama o dormir con las rodillas juntas.
  • Sensación de que la rodilla se abre o falla al apoyar, sobre todo en las lesiones graves.

Todo eso se ordena con la gradación clásica, que no depende de cuánto duela sino de cuánto se abre la rodilla al explorarla y de si el ligamento hace tope:

GradoQué ha pasadoQué encuentro al explorarPlazo orientativo
Grado I (distensión)Fibras estiradas, ligamento continuoDolor a la palpación; la rodilla no se abre y el tope es firme2-4 semanas
Grado II (rotura parcial)Parte de las fibras rotas, sobre todo de la capa superficialApertura leve (unos 5-10 mm) con tope final firme; dolor marcado e inseguridad4-8 semanas
Grado III (rotura completa)El ligamento se ha roto de lado a ladoApertura clara sin tope; a veces duele menos de lo esperado; alta sospecha de lesión asociada8-12 semanas o más

Ese último detalle sorprende: un grado III puede doler menos que un grado II. Cuando el ligamento se rompe del todo deja de tener tensión y deja de protestar al estirarse. El dolor no mide la gravedad de una lesión ligamentosa; la exploración sí.

Causas y factores de riesgo

Casi siempre hay un mecanismo identificable, y en buena parte de los casos hay contacto de por medio:

  • Valgo forzado por impacto: fútbol, rugby, balonmano o hockey, con un golpe en la cara externa y el pie apoyado.
  • Esquí: la bota fija el tobillo, el canto interno engancha y la torsión se va entera a la rodilla.
  • Gestos sin contacto: cambiar de dirección con el pie clavado o caer de un salto con la rodilla hacia dentro.
  • Poco control del valgo dinámico: si el glúteo medio no sostiene la rodilla, esta se colapsa hacia dentro en cada aterrizaje y el ligamento acaba sobrecargado.
  • Fatiga: muchas de estas lesiones ocurren en la segunda parte del partido o al final de la jornada de esquí.

Señales de alarma: cuándo acudir al médico sin esperar

  • No puedes apoyar la pierna o la rodilla tiene una deformidad evidente tras el golpe.
  • La rodilla se ha hinchado a tensión en la primera hora: orienta a sangre dentro de la articulación (rotura de cruzado, fractura o lesión meniscal importante).
  • Sensación repetida de que la rodilla se sale o falla al apoyar.
  • Pantorrilla hinchada, caliente y dolorida, o rodilla caliente con fiebre.
  • En adolescentes en pleno crecimiento, un valgo forzado puede lesionar la placa de crecimiento en vez del ligamento: ahí hace falta una radiografía antes que nada.

¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico es clínico. Con el mecanismo que me cuentas, la palpación del trayecto del ligamento y el test de bostezo en valgo tenemos casi todo: se explora con la rodilla a 30° de flexión, que es la posición que aísla al LCM, y también en extensión completa. Que se abra a 30° indica lesión del colateral; que además se abra estirada del todo significa que hay más estructuras implicadas, y eso cambia el plan.

La radiografía se pide para descartar fracturas y, en adolescentes, lesión de la fisis; recuerda que los ligamentos no se ven en una radiografía. La ecografía valora bien la porción superficial, y la resonancia se reserva para cuando sospechamos una lesión combinada, hay bloqueos o la evolución no es la esperada. Como siempre: se trata al paciente, no a la imagen.

Diagnóstico diferencial: qué más duele en la cara interna

Hacer un diagnóstico diferencial es descartar, una por una, las patologías que producen un dolor parecido antes de quedarse con el diagnóstico correcto. Importa por dónde duele, cuándo aparece y con qué gestos cambia: la lesión del ligamento colateral medial se confunde a menudo con los cuadros de abajo. En la segunda columna tienes la pista que los distingue; si tu caso encaja mejor en otra fila, ahí tienes su guía.

CuadroLa pista que lo delata
Lesión del menisco internoDolor en la interlínea, chasquidos o sensación de bloqueo, y molestia al girar en carga más que al abrir la rodilla
Tendinitis de la pata de gansoDolor unos centímetros por debajo de la interlínea, sin traumatismo previo, que empeora al subir escaleras o correr
Rotura del ligamento cruzado anteriorChasquido audible, rodilla muy hinchada en la primera hora y sensación de fallo al girar
Lesión combinadaVarias de las anteriores juntas: apertura en valgo, derrame importante e inestabilidad clara
Contusión ósea del cóndilo internoDolor profundo y difuso tras un golpe fuerte, que aumenta con la carga y no sigue el trayecto del ligamento
Artrosis del compartimento internoDolor progresivo sin traumatismo y rigidez matutina corta, típico a partir de los 50

Tratamiento: por qué el LCM casi nunca se opera

La evidencia actual es clara: las lesiones aisladas del LCM, incluso muchas roturas completas, se tratan sin cirugía con buenos resultados. El ligamento cicatriza, y lo hace mejor si le damos tensión controlada desde pronto. Inmovilizar semanas da dos problemas a la vez: un ligamento laxo y desorganizado, y una rodilla rígida con el cuádriceps apagado.

  • Rodillera articulada en grados II y III durante unas 4-6 semanas: permite doblar y estirar mientras bloquea el movimiento que daña la cicatriz. En el grado I no aporta nada.
  • Carga desde el principio, dentro de lo tolerable. Muletas solo los primeros días y mientras cojees de forma evidente.
  • Medicación pautada por tu médico en la fase de más dolor, no como tratamiento de fondo.
  • Cirugía: reservada a grados III con inestabilidad persistente, arrancamientos óseos y lesiones combinadas.

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Fisioterapia para la lesión de LCM: así la tratamos

Fase 1: Calmar, desinflamar y no perder la extensión

Control del dolor y de la hinchazón, y una prioridad por encima de todo: recuperar la extensión completa. Una rodilla que no estira del todo condiciona la marcha y retrasa semanas la recuperación. Trabajamos activación del cuádriceps, movilidad sin dolor y marcha con buen patrón, con rodillera si está indicada.

Fase 2: Fuerza y control del valgo

El grueso del tratamiento. Fuerza progresiva de cuádriceps e isquiotibiales y mucho glúteo, que es el que evita que la rodilla se colapse hacia dentro. Añadimos trabajo a una sola pierna y propiocepción: la estabilidad no es solo cosa del ligamento, la musculatura es el sistema de seguridad activo.

Fase 3: Volver a tu deporte

Carrera progresiva, saltos, aterrizajes controlados y, al final, cambios de dirección y gestos específicos. Damos el alta por criterios objetivos, no por fecha: sin dolor a la palpación, sin apertura en la exploración, fuerza en torno al 90% de la pierna sana y confianza real al pivotar.

Ejercicios para empezar hoy en casa

Si no tienes señales de alarma y ya te han explorado, empieza con estos tres:

  • Extensión completa + isométrico de cuádriceps: sentado con el talón sobre un cojín y la rodilla en el aire, aprieta el cuádriceps para estirar del todo. 10 repeticiones de 5 segundos, 3 veces al día.
  • Deslizamiento de talón: tumbado, dobla y estira la rodilla arrastrando el talón hasta donde no aumente el dolor. 2 series de 15, 2-3 veces al día.
  • Puente de glúteo y, cuando lo toleres, sentadilla a caja con una banda elástica alrededor de las rodillas para no dejarlas caer hacia dentro. 3 series de 8-12, en días alternos.

Regla práctica: una molestia leve (hasta 3 sobre 10) que desaparece en 24 horas es aceptable; si un ejercicio aumenta el dolor o la hinchazón al día siguiente, para y consúltanos. Evita las primeras semanas cualquier gesto que abra la rodilla hacia dentro o la haga girar en carga.

¿Cuánto tarda en recuperarse una lesión del LCM?

  • Grado I: vida normal en pocos días y vuelta al deporte en 2-4 semanas.
  • Grado II: 4-8 semanas, con rodillera articulada las primeras 4-6 y trabajo de fuerza en paralelo.
  • Grado III aislado: 8-12 semanas, y algo más si el deporte es de contacto o de pivote.
  • Lesión combinada: manda la estructura más lenta, no el ligamento; los plazos se cuentan entonces en meses y los explico en la guía de lesiones combinadas.

Son rangos orientativos: dos personas con el mismo grado avanzan a velocidades distintas según su fuerza previa, su edad y lo bien que hagan la fase intermedia, que es la que casi nadie tiene paciencia para completar.

Errores frecuentes (y qué hacer en su lugar)

Error habitualQué hacer en su lugar
Inmovilizar la rodilla varias semanas "para que suelde"Rodillera articulada que permite doblar y estirar: el ligamento cicatriza mejor con tensión controlada
Volver a jugar en cuanto deja de dolerVolver cuando se cumplen criterios de fuerza, estabilidad y control, que llegan bastante después que la ausencia de dolor
Restar importancia a un derrame grande el primer díaEse dato sugiere lesión asociada: hay que explorar la rodilla a fondo antes de seguir
Entrenar solo el cuádricepsEl control del valgo se gana sobre todo con glúteo y con trabajo a una pierna
Pedir una resonancia antes de que te explorenLa exploración manual gradúa la lesión; la imagen se pide cuando va a cambiar una decisión

Mi opinión como fisioterapeuta

De todas las lesiones ligamentosas de rodilla, la del LCM es la que más tranquilo me deja cuando entra por la puerta: cicatriza, y cicatriza bien, siempre que no lo estropeemos con reposo de más. Veo dos perfiles que se complican: el que pasa tres semanas quieto con la rodillera bloqueada y llega con la rodilla rígida y el cuádriceps muy debilitado, y el que vuelve al fútbol a las dos semanas porque ya no le duele y recae con la cicatriz aún tierna. El punto medio, moverse desde el primer día y volver por criterios, es aburrido, pero funciona. Y si a las 6-8 semanas la rodilla sigue abriéndose o fallando, no insistas: hay que reexplorar y, probablemente, pedir imagen.

Si a las 6 u 8 semanas la rodilla sigue fallando, conviene volver a valorarla: en fisioterapia en Barcelona y en fisioterapia en Madrid reexploramos el ligamento y ajustamos la pauta de fuerza y estabilidad.

Preguntas frecuentes sobre la lesión del ligamento colateral medial

¿Se opera una lesión del ligamento colateral medial?

Casi nunca cuando está aislada: el LCM está muy bien vascularizado y cicatriza con una pauta de carga progresiva, incluso en muchas roturas completas. La cirugía se plantea en grados III que siguen inestables tras un buen tratamiento conservador, en arrancamientos óseos y en lesiones combinadas donde además hay que reconstruir el cruzado o suturar el menisco.

¿Puedo andar y apoyar con una lesión de LCM?

Sí, salvo que te hayan indicado lo contrario. Apoyar dentro de lo que tolere el dolor mantiene el cuádriceps, reduce la hinchazón y orienta bien la cicatriz. Las muletas son útiles unos pocos días, solo mientras cojees de forma evidente.

¿Necesito rodillera y durante cuánto tiempo?

En un grado I no suele hacer falta. En grados II y III recomendamos una rodillera articulada unas 4-6 semanas: permite doblar y estirar mientras protege el ligamento del movimiento que le hace daño. No es para dejar de moverse, sino para poder moverte con seguridad.

¿Cuándo puedo volver a correr o a jugar?

Por criterios, no por calendario. A correr, cuando caminas sin cojear y aguantas saltos suaves sin dolor. Al deporte de pivote, cuando la rodilla no se abre en la exploración, la fuerza ronda el 90% de la otra pierna y controlas los cambios de dirección. Suele caer hacia las 2-4 semanas en un grado I, 4-8 en un grado II y 8-12 o más en un grado III.

¿Por qué me sigue doliendo la cara interna semanas después?

Lo más habitual es que sea la propia cicatriz del ligamento, sensible durante un tiempo y molesta al estirarse. Si el dolor cambia de sitio o no baja, revisamos dos sospechas: el menisco interno, que pudo lesionarse en el mismo gesto, y la pata de ganso, que se irrita al llevar semanas caminando distinto.

¿Un grado III me va a dejar la rodilla inestable para siempre?

No es lo habitual. Con un programa de fuerza y control neuromuscular, la mayoría de los grados III aislados recuperan una rodilla estable. Cuando la inestabilidad persiste casi siempre hay un motivo: otra estructura lesionada que pasó desapercibida, o demasiado tiempo inmovilizado sin recuperar fuerza después.

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Artículos de nuestros fisioterapeutas que desarrollan un aspecto concreto de esta guía.

Enric Gallofré, fisioterapeuta y osteópata

«Ser fisioterapeuta es estar comprometido con el paciente: estar ahí y prepararse para una persona que confía en ti y deja su salud en tus manos.»

Escrito y revisado por Enric Gallofré, fisioterapeuta y osteópata colegiado nº 11099 (Col·legi de Fisioterapeutes de Catalunya).

Director de las Clínicas de Fisioterapia y Osteopatía Enric Gallofré en Barcelona y Madrid: más de 12.000 pacientes atendidos, 554 reseñas (4,9/5) en Barcelona y 270 reseñas (4,9/5) en Madrid, Doctoralia Awards 2018 y 2019.

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