Tendinitis del tibial posterior: el tendón que sujeta tu arco

Por Enric Gallofré · Fisioterapeuta y Osteópata · Col. nº 11099 · Última revisión:

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Respuesta corta: La tendinitis del tibial posterior es la sobrecarga del tendón que pasa por detrás del maléolo interno y sostiene el arco del pie: dolor en la cara interna del tobillo que empeora al caminar, correr o ponerse de puntillas.

Detectada pronto, responde muy bien a un programa de fuerza específica con soporte temporal del arco; dejada pasar, puede acabar hundiendo el arco (pie plano adquirido del adulto), un escenario mucho más difícil.

Si te duele ahí desde hace semanas, haz que te lo valoren.

Corredor sujetándose la cara interna del tobillo

Un dolor en la cara interna del tobillo que aparece al caminar y va a más con los kilómetros, sin que te hayas torcido nada. Así suele empezar la tendinitis del tibial posterior, la lesión de un tendón poco conocido pero fundamental: es el que sujeta el arco de tu pie en cada paso. Y aquí va el mensaje más importante de esta guía, ya de entrada: detectada pronto se trata muy bien; detectada tarde, cuando el arco ya se ha hundido, el problema es mucho más difícil de resolver. Te explico cómo reconocerla a tiempo y cómo la tratamos.

¿Qué es el tibial posterior y por qué es tan importante?

El tibial posterior es un músculo profundo de la pantorrilla cuyo tendón pasa por detrás del maléolo interno (el hueso que sobresale en la cara interna del tobillo) y se ancla en la planta del pie. Su trabajo es doble: sostener el arco plantar y controlar que el pie no se hunda hacia dentro al apoyar. Cada paso que das, él está trabajando.

Cuando la carga acumulada supera lo que el tendón tolera, aparece la tendinopatía: más que una simple inflamación, es un tendón sobrecargado que ha perdido capacidad, como ocurre en cualquier tendinitis. La diferencia con otros tendones es lo que hay en juego: si este falla, el arco del pie se queda sin su principal sujeción.

Síntomas: cómo reconocerlo

  • Dolor en la cara interna del tobillo, por detrás y por debajo del maléolo, que puede extenderse hacia el arco.
  • Empeora al caminar mucho, correr o estar de pie horas; al principio calma con el reposo.
  • Hinchazón siguiendo el trayecto del tendón, entre el maléolo y el arco.
  • Dolor o dificultad al ponerte de puntillas, sobre todo a una pierna.
  • Con el tiempo: sensación de que el pie se aplana, pisada que se va hacia dentro y desgaste del calzado por el borde interno.

El test del talón elevado a una pierna

Es la prueba estrella, y puedes orientarte en casa: de pie sobre la pierna afectada (apóyate en la pared solo para el equilibrio), intenta despegar el talón del suelo. Si no puedes, si duele en la cara interna o si el talón no gira ligeramente hacia dentro al subir, el tibial posterior no está haciendo su trabajo. No sustituye a la exploración, pero orienta mucho.

El pie plano adquirido del adulto: los estadios, explicados

Cuando el tendón claudica de forma mantenida, hablamos de disfunción del tibial posterior o pie plano adquirido del adulto: «adquirido» porque el arco se pierde con los años, a diferencia del pie plano de la infancia. Los médicos lo dividen en estadios; explicados de forma sencilla:

EstadioQué significa
IEl tendón duele y está sobrecargado, pero el arco se mantiene. El mejor momento para tratar.
IIEl tendón se ha alargado y el arco empieza a hundirse, pero el pie aún es flexible y se corrige.
IIILa deformidad se ha vuelto rígida: el pie ya no se corrige ni con las manos.
IVEl hundimiento afecta también a la articulación del tobillo.

La lectura práctica es sencilla: en los estadios I y II el tratamiento conservador tiene mucho que ofrecer y es siempre el primer paso; en el III y el IV el manejo suele ser quirúrgico, y ahí quien decide es el traumatólogo. Nuestro trabajo, y el tuyo, es que nunca pases del II.

Causas y factores de riesgo

  • Edad: es más frecuente a partir de los 40-50 años, y algo más en mujeres.
  • Sobrepeso: cada kilo extra multiplica la carga sobre el arco.
  • Pie plano o pronado previo: el tendón parte con más trabajo de base.
  • Aumentos bruscos de actividad: empezar a andar o correr mucho de golpe tras años sedentarios.
  • Diabetes, hipertensión y otras enfermedades que afectan al riego: se asocian a más problemas de este tendón, que además tiene por detrás del maléolo una zona con poco aporte de sangre.
  • Calzado muy blando o gastado por el borde interno.

Señales de alarma: cuándo acudir al médico sin esperar

  • Un chasquido en la cara interna del tobillo con hundimiento brusco del arco: posible rotura del tendón.
  • Pie frío, pálido o azulado.
  • Tobillo caliente y muy hinchado con fiebre.
  • Pantorrilla hinchada, caliente y dolorida (posible trombosis).
  • Dolor desproporcionado que no cede con nada.

¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico es clínico: palpación del trayecto del tendón, test del talón elevado, observación de la pisada y de la alineación del pie desde atrás (cuando el arco cae, se ven «demasiados dedos» por fuera del talón). La ecografía es muy útil para ver el estado del tendón, y la resonancia se reserva para dudas o para planificar cirugía. Como siempre: se trata al paciente, no a la imagen.

Diagnóstico diferencial: ¿qué más duele en esa zona?

Hacer un diagnóstico diferencial es descartar, una por una, las patologías que producen un dolor parecido antes de quedarse con el diagnóstico correcto. Importa por dónde duele, cuándo aparece y con qué gestos cambia: la tendinitis del tibial posterior se confunde a menudo con los cuadros de abajo. En la segunda columna tienes la pista que los distingue; si tu caso encaja mejor en otra fila, ahí tienes su guía.

CuadroLa pista que lo delata
Fascitis plantar y dolor en la plantaDuele el talón o la planta, sobre todo en los primeros pasos de la mañana, no detrás del maléolo
Tendinopatía del tendón de AquilesDolor por detrás del tobillo, encima del talón, no en la cara interna
Síndrome del túnel del tarsoHormigueo o calambre hacia la planta y los dedos: manda el nervio, no la carga
Esguince del ligamento deltoideoAparece tras una torcedura concreta, no de forma gradual
Artrosis del retropiéRigidez global y dolor articular profundo, más que dolor en el trayecto del tendón

Tratamiento: fuerza específica y soporte del arco

El plan tiene dos patas que funcionan juntas: quitarle al tendón la carga que le sobra mientras recupera, y darle la carga que le hace falta para volverse fuerte. Aquí entra el matiz de la plantilla: un soporte del arco bien pautado es una herramienta, no una condena; descarga el tendón durante la recuperación igual que una muleta descarga una pierna, y en muchos casos después se retira o se reserva para las actividades exigentes.

Fase 1. Calmar el tendón (semanas 1-4)

Modificamos la actividad sin pararla del todo (el reposo absoluto debilita justo lo que queremos fortalecer), soporte temporal del arco y calzado con buena sujeción, terapia manual e isométricos de inversión para empezar a cargar sin irritar. En tendinopatías que llevan meses estancadas nos apoyamos en la radiofrecuencia en Barcelona y en nuestro centro de Madrid para estimular la recuperación del tejido.

Fase 2. Fuerza progresiva (semanas 4-12)

El corazón del tratamiento: elevaciones de talón con progresión de carga (dos piernas, luego una), inversión resistida con banda, trabajo de la musculatura del arco y equilibrio a una pierna. Si la pantorrilla acumula sobrecarga, la punción seca ayuda a normalizarla: la hacemos en nuestra consulta de punción seca en Barcelona y también en Madrid.

Fase 3. Volver a la carga real (desde la semana 8-12)

Caminatas largas, cuestas, impacto progresivo y, si es tu caso, la vuelta a correr por fases. El objetivo final es un pie que se sujeta solo.

¿Y la cirugía?

Se reserva para la rotura del tendón, los estadios avanzados o la deformidad que progresa pese a un buen tratamiento conservador de al menos 6 meses. En los estadios iniciales, que son la mayoría de lo que vemos en consulta, no es el primer camino.

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Ejercicios para empezar hoy en casa

  • Elevaciones de talón con pelota: de pie, coloca una pelota blanda entre los tobillos, apriétala suavemente y sube a puntillas despacio (3 segundos arriba, 3 abajo). 3 series de 10-12, en días alternos. La pelota obliga al tibial posterior a trabajar.
  • Inversión con banda elástica: sentado con las piernas estiradas, pasa la banda por la planta del antepié y ánclala hacia el lado contrario; gira el pie hacia dentro y hacia abajo, aguanta un segundo arriba y vuelve muy despacio (3 segundos). 3 series de 15, en días alternos. Es el gesto propio del tibial posterior.
  • «Pie corto»: descalzo y sentado, intenta elevar el arco «acortando» el pie sin encoger los dedos. Mantén 5 segundos, 10 repeticiones, a diario. Es la musculatura pequeña del pie echándole una mano al tendón para sostener el arco.

Regla de oro: una molestia leve (hasta 3 sobre 10) que baja al acabar es aceptable; si el dolor va a más, para y consúltanos.

¿Cuánto tarda en curarse?

  • 4-6 semanas: en estadios iniciales, el dolor del día a día baja de forma clara.
  • 3-6 meses: recuperación de la fuerza y vuelta a la actividad completa. Los tendones son lentos: la constancia importa más que la intensidad.
  • Detectado tarde, con el arco ya hundido: sigue habiendo margen de mejora, pero los objetivos y los plazos cambian. Otra razón para no dejarlo pasar.

Errores frecuentes (y qué hacer en su lugar)

Error habitualQué hacer en su lugar
Quitarle importancia porque «solo molesta al caminar»Valorarlo pronto: los estadios iniciales se resuelven mucho mejor
Reposo total hasta que deje de dolerModificar la carga y fortalecer: el reposo absoluto debilita el tendón
Comprarse una plantilla genérica sin diagnósticoSoporte del arco pautado tras una valoración, y siempre junto a la fuerza
Tratarlo solo con estiramientosLo que este tendón necesita, sobre todo, es fuerza progresiva
Volver a correr o a las caminatas largas de golpeReintroducir el impacto por fases, cuando el talón a una pierna no duele

Mi opinión como fisioterapeuta

Si hay un tendón con el que insisto en la detección precoz, es este. He visto demasiados pacientes llegar cuando el arco ya cedía, tras meses llamando «tontería» a un dolor en la cara interna del tobillo. Mi consejo es simple: si te duele ahí desde hace más de dos o tres semanas, haz que te lo exploren. En fase inicial, con fuerza específica y un soporte temporal del arco, la inmensa mayoría se resuelve; y la plantilla, si hace falta, es una herramienta de la recuperación, no una etiqueta para toda la vida.

El tibial posterior necesita carga y necesita tiempo, como todos. Si quieres ver el programa completo y los plazos que manejamos, lo tienes en la guía del tratamiento de las tendinopatías.

Preguntas frecuentes sobre la tendinitis del tibial posterior

¿Cómo sé si mi dolor es del tibial posterior y no otra cosa?

La pista más fiable es la localización: dolor por detrás y por debajo del maléolo interno (el hueso que sobresale en la cara interna del tobillo), que empeora al caminar, correr o ponerte de puntillas. Si al intentar elevar el talón apoyado en una sola pierna no puedes o duele mucho, la sospecha aumenta; la exploración en consulta lo confirma.

¿La tendinitis del tibial posterior se cura sola?

Con reposo el dolor baja, pero el tendón sigue débil y suele volver a quejarse al retomar la actividad. Necesita un programa de fuerza progresiva y, temporalmente, soporte del arco. Detectada en fases iniciales, el pronóstico es muy bueno; dejada pasar, puede progresar hacia el hundimiento del arco.

¿Necesito plantillas para el tibial posterior?

A menudo sí, como herramienta: una plantilla con soporte del arco descarga el tendón mientras recupera su capacidad, igual que una muleta descarga una pierna. No es una condena de por vida en la mayoría de los casos; a medida que el pie gana fuerza, muchos pacientes la retiran o la reservan para las actividades de más carga.

¿Puedo caminar o correr con tendinitis del tibial posterior?

Caminar, sí, dentro de una molestia leve que no vaya a más; correr depende de la fase: al principio suele convenir sustituirlo por bici o agua y reintroducirlo de forma progresiva cuando el tendón tolera la fuerza a una pierna. La clave es dosificar la carga, no eliminarla.

¿Qué pasa si no lo trato?

No todos los casos progresan, pero el riesgo existe: si el tendón se vuelve insuficiente, deja de sujetar el arco y el pie se aplana poco a poco (pie plano adquirido del adulto). En los estadios avanzados la deformidad se vuelve rígida y las opciones pasan por cirugías mayores. No es para asustarse, sí para no dejarlo pasar: por eso insistimos en tratarlo pronto.

¿Cuándo hay que operar el tibial posterior?

Cuando hay rotura del tendón, cuando la deformidad progresa pese a un tratamiento conservador bien hecho durante al menos 6 meses, o en estadios avanzados con el pie ya rígido. En los estadios iniciales, que son la mayoría de los casos que vemos, la cirugía no es el primer camino.

Para seguir leyendo

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Artículos de nuestros fisioterapeutas que desarrollan un aspecto concreto de esta guía.

Enric Gallofré, fisioterapeuta y osteópata

«Ser fisioterapeuta es estar comprometido con el paciente: estar ahí y prepararse para una persona que confía en ti y deja su salud en tus manos.»

Escrito y revisado por Enric Gallofré, fisioterapeuta y osteópata colegiado nº 11099 (Col·legi de Fisioterapeutes de Catalunya).

Director de las Clínicas de Fisioterapia y Osteopatía Enric Gallofré en Barcelona y Madrid: más de 12.000 pacientes atendidos, 554 reseñas (4,9/5) en Barcelona y 270 reseñas (4,9/5) en Madrid, Doctoralia Awards 2018 y 2019.

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