
Al empezar la guardería, algunos niños encadenan episodios de mocos, tos u otitis. Explicaciones como "es normal" o "tiene las defensas bajas" pueden dejar dudas sobre cuántas infecciones son habituales y cuándo conviene consultar.
Esta guía traduce lo que dicen las revisiones de pediatría: cuántas infecciones al año son normales, por qué la guardería las multiplica, en qué hay que fijarse (que no es el número sino cómo se recupera), cuáles son las señales que sí piden un estudio, qué previene algo y qué no, y qué papel pequeño pero real tiene la fisioterapia respiratoria.
Cuántas infecciones al año son normales
La cifra de referencia está en las revisiones de Pediatría Integral: un niño sano de entre 6 meses y 4 años pasa una media de seis a ocho infecciones de vías respiratorias altas al año. Si va a la guardería, tiene hermanos que van, o hay fumadores en casa, la cifra sube a diez o doce. Como se concentran en los meses fríos, en la práctica es un catarro cada dos o tres semanas de octubre a abril, y a menudo el siguiente empieza antes de que el anterior haya terminado de dar tos.
Eso es lo que la mayoría de las familias vive como "siempre está con mocos". Y es, literalmente, normal.
Por qué la guardería lo multiplica y por qué se acaba
Hay más de 200 virus capaces de producir un catarro, y la inmunidad frente a cada uno se construye pasándolo. Un niño que entra en la guardería con 6 meses se los va encontrando todos a la vez, de la mano de veinte compañeros que también los están pasando. Cada episodio deja memoria inmunitaria, y esa memoria es la razón por la que el número de infecciones baja con los años: el niño que a los dos años pasaba diez catarros pasa dos o tres a los cinco o seis. Los que no van a la guardería pasan la misma etapa al empezar el colegio.
No es un sistema inmunitario que falla. Es un sistema inmunitario que está haciendo lo que tiene que hacer, a un ritmo que agota a la familia.
Lo que hay que mirar: cómo se recupera
El criterio que usan los pediatras no es cuántas veces se pone malo sino qué pasa entre un episodio y otro. Si entre catarros el niño vuelve a su estado habitual, come, juega, duerme, crece y gana peso con normalidad, y las infecciones responden al tratamiento habitual, estamos ante la maduración normal de sus defensas.
Lo que cambia la lectura es que no se recupere: que pierda peso o no crezca, que las infecciones sean graves o raras, que necesite antibiótico tras antibiótico, o que entre episodios siga con síntomas.
Señales de alarma: cuándo acudir al médico sin esperar
Las señales que hacen sospechar un problema de las defensas o una enfermedad de base, tal como las recogen las revisiones de pediatría:
- Infecciones graves (neumonías, sepsis, meningitis, abscesos) o dos o más al año que necesitan ingreso.
- No gana peso ni crece como debería, o tiene diarrea persistente.
- Infecciones por gérmenes poco habituales, o candidiasis en la boca que no se va, pasados los primeros meses.
- Necesita antibióticos dos meses al año o más, o las infecciones no responden al tratamiento habitual.
- Antecedentes familiares de inmunodeficiencia o de muertes infantiles por infecciones, o el cordón umbilical tardó más de un mes en caerse.
Y las de cualquier episodio concreto, que valen siempre: dificultad para respirar, fiebre en un bebé de menos de 3 meses o de más de 3 días, rechazo de las tomas, decaimiento marcado, dolor de oído con fiebre que dura más de dos días.
Lo que previene algo y lo que no
- Sin humo en casa. El tabaco de los padres aumenta las infecciones y es un factor sobre el que se puede actuar.
- Lavado de manos, del niño y de los adultos, al volver de fuera y antes de comer.
- Vacunas al día, incluida la de la gripe cuando esté indicada, y el resto del calendario.
- Lactancia materna mientras dure: reduce las infecciones respiratorias en el lactante.
- No llevarle con fiebre a la guardería, por él y por los demás.
- Lo que no tiene evidencia: vitaminas, "productos para las defensas" y suplementos en un niño que come de todo. Ni los jarabes preventivos.
Tratamiento: qué se hace en cada catarro y qué papel tiene la fisioterapia
Cada episodio se trata igual: lavados nasales, líquido, postura y paciencia, sin jarabes para la tos ni antibióticos por el color del moco. Lo tienes detallado en las guías de tos y mocos en el bebé y de cómo sacar los mocos.
La fisioterapia respiratoria no reduce el número de catarros. Donde puede ayudar es en el niño que no acaba de limpiar el pecho entre un episodio y otro: el que semanas después de la última infección sigue con moco que suena, tos húmeda y noches malas, y encadena el siguiente sobre el anterior. Ahí, con el acuerdo del pediatra, las técnicas de espiración lenta y tos provocada sacan lo que él no saca, y la familia aprende a mantener la nariz limpia. Cómo es y para qué sí y para qué no, en la guía de fisioterapia respiratoria en bebés. Es lo que hacemos en la consulta de fisioterapia para bebés en Barcelona, solo en nuestra clínica de Gràcia; en niños a partir de los 6 años, en fisioterapia pediátrica.
Errores frecuentes (y qué hacer en su lugar)
| Error habitual | Qué hacer en su lugar |
|---|---|
| Contar los catarros como medida de si algo va mal | Mirar cómo se recupera entre episodios, si crece y si come |
| Comprar suplementos "para las defensas" | Vacunas al día, manos limpias y casa sin humo, que es lo que tiene evidencia |
| Pedir antibiótico en cada episodio | Dejar que el pediatra decida por los signos, no por el moco ni por la insistencia |
| Dar jarabes para la tos o mucolíticos a un bebé | Suero, líquido y postura; en bebés esos jarabes no están recomendados |
| Esperar fisioterapia para que "no coja tantos" | Usarla, si acaso, para el moco que se queda entre episodios, y con el pediatra |
Mi opinión como fisioterapeuta
La frase "siempre está con mocos" describe a casi todos los niños de guardería entre octubre y abril, y la mayoría de las veces lo único que necesita la familia es alguien que les diga que sí, que es normal, con las cifras delante. Esa conversación vale más que cualquier técnica.
Valoramos al niño que sigue con secreciones entre los episodios. El tratamiento se centra en ayudarle a eliminarlas y en enseñar a la familia a mantener la nariz limpia. Este apoyo se realiza en contacto con el pediatra.
Fuentes
- Ruiz Contreras J. Infecciones de repetición en el niño. Pediatría Integral. 2023;XXVII(5):249-256.
- Méndez Echevarría A. El niño con infecciones de repetición. Pediatría Integral. 2018;XXII(5):219-228.
- Cruz M, et al. Nasal irrigation with saline solution for pediatric acute upper respiratory infections: a systematic review. Cureus. 2024;16(12):e75464.
Preguntas frecuentes sobre las infecciones de repetición en niños
¿Cuántas infecciones al año son normales?
Según Pediatría Integral, entre seis y ocho infecciones de vías altas al año entre los 6 meses y los 4 años, y diez o doce si el niño o sus hermanos van a la guardería o hay fumadores en casa. Concentradas en otoño e invierno, es un catarro cada dos o tres semanas.
¿Tiene las defensas bajas?
Casi nunca. Un niño sano que se recupera bien entre episodios, crece y come con normalidad tiene un sistema inmunitario que está aprendiendo, no uno que falla. Las inmunodeficiencias existen pero son raras, y se sospechan por señales concretas, no por el número de catarros.
¿Debería sacarle de la guardería?
Es una decisión familiar, no médica. Los catarros de la guardería son los mismos que pasaría en los primeros años de colegio; la guardería solo los adelanta. Lo que sí ayuda es no llevarle con fiebre y que en casa no se fume.
¿Sirven las vitaminas o los productos para las defensas?
No hay evidencia de que los suplementos reduzcan los catarros en un niño bien alimentado. Lo que tiene respaldo es la vacunación al día, incluida la de la gripe cuando esté indicada, la lactancia materna, el lavado de manos y la ausencia de humo.
¿Puede ayudar la fisioterapia respiratoria?
No a tener menos catarros. Puede ayudar a que el moco no se quede entre un episodio y otro, en el niño que nunca acaba de limpiar el pecho, y a enseñar a la familia el lavado nasal y las posturas. Siempre con el acuerdo del pediatra y sin sustituir su seguimiento.