Síndrome de Sudeck (SDRC): qué es, cómo se diagnostica y cómo se trata

Por Enric Gallofré · Fisioterapeuta y Osteópata · Col. nº 11099 · Última revisión:

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Respuesta corta: El síndrome de Sudeck es el nombre antiguo de lo que hoy se llama síndrome de dolor regional complejo (SDRC): un dolor que se instala en una mano, un pie o toda una extremidad tras una fractura, un esguince o una cirugía, y que es mucho mayor de lo que explicaría esa lesión. Se acompaña de hinchazón, cambios de color y temperatura, sudoración distinta y pérdida de movilidad.

No hay ninguna prueba que lo confirme: se diagnostica en consulta con los criterios de Budapest. El tratamiento con más respaldo es volver a mover y a usar la extremidad de forma gradual, junto con el control del dolor y, cuando hace falta, la unidad del dolor. La mayoría de los casos que se cogen pronto mejoran mucho durante el primer año.

Fisioterapeuta movilizando con cuidado la muñeca y la mano de una paciente en consulta

Si te han dicho que tienes un síndrome de Sudeck, hay dos cosas que conviene saber de entrada. La primera es que ese nombre está desfasado: hoy el cuadro se llama síndrome de dolor regional complejo (SDRC). La segunda, y más importante, es que no estás exagerando. El rasgo que define este síndrome es justamente que el dolor es mucho mayor de lo que explicaría la lesión que lo desencadenó, y eso hace que muchos pacientes lleguen a consulta con la sensación de que nadie acaba de creerles.

En esta guía te explico qué es el SDRC, cómo se diagnostica con los criterios de Budapest, qué señales obligan a consultar sin esperar y cuál es el abordaje que hoy tiene más respaldo, que se resume en una idea: recuperar el movimiento y el uso de la extremidad de forma gradual.

¿Qué es el síndrome de Sudeck?

El SDRC es un dolor persistente en una región del cuerpo, casi siempre una mano, un pie o toda una extremidad, que aparece después de un traumatismo, una fractura, un esguince o una cirugía y que no encaja con la gravedad de esa lesión: ni por intensidad, ni por duración, ni por extensión, porque el dolor sobrepasa el territorio de un solo nervio.

Junto al dolor aparecen alteraciones que delatan que el problema ya no está solo en el tejido lesionado, sino en cómo el sistema nervioso procesa y regula esa zona: cambios de color y de temperatura, hinchazón, sudoración distinta a la del otro lado, cambios en el vello y las uñas y pérdida de movilidad.

Es más frecuente en mujeres (entre dos y cuatro veces más que en hombres) y el desencadenante más habitual es una fractura, seguida de los traumatismos cerrados y las cirugías. La extremidad superior se afecta con más frecuencia que la inferior. Con todo, es un cuadro poco común: los estudios poblacionales sitúan la incidencia entre 5,5 y 26,2 casos por cada 100.000 personas y año.

Sudeck, distrofia simpático refleja, causalgia: por qué tantos nombres

Son nombres históricos del mismo cuadro, y verlos en un informe no significa que tengas cosas distintas:

  • Atrofia de Sudeck, por el cirujano que describió los cambios óseos a principios del siglo XX.
  • Distrofia simpático refleja: nombre clásico de lo que hoy es el SDRC tipo I. Se abandonó porque atribuía todo el cuadro al sistema nervioso simpático, algo que la investigación posterior no ha confirmado.
  • Causalgia: nombre clásico de lo que hoy es el SDRC tipo II.
  • Algoneurodistrofia o algodistrofia, todavía muy usados en los informes de traumatología en España.

La terminología correcta hoy es SDRC tipo I y tipo II. Si tu informe usa cualquiera de los nombres antiguos no hace falta que te alarmes: es el mismo diagnóstico y el mismo tratamiento.

SDRC tipo I y tipo II: cuál es la diferencia

La única diferencia entre los dos tipos es si hay o no una lesión de un nervio identificable. Los síntomas, la forma de diagnosticarlo y el planteamiento del tratamiento son prácticamente iguales.

SDRC tipo ISDRC tipo II
Nombre antiguoDistrofia simpático reflejaCausalgia
Lesión nerviosa demostrableNo
Cómo empiezaFractura, esguince, cirugía o inmovilizaciónLesión directa de un nervio
Dolor desproporcionado
Cambios de color, temperatura y sudoración
Hinchazón y pérdida de movilidad
Cómo se confirmaCriterios de Budapest (clínicos)Criterios de Budapest más el estudio del nervio (electromiografía)
Enfoque del tratamientoRehabilitación, control del dolor y abordaje psicológicoEl mismo, más el tratamiento de la lesión del nervio

Desde la adaptación de consenso de Valencia, publicada en 2021, se reconocen además dos situaciones intermedias: el SDRC no especificado, para quien tiene el cuadro pero no llega a cumplir todos los criterios y no hay otro diagnóstico que lo explique mejor, y el SDRC con remisión de algunos rasgos, para quien los cumplió en su día y ha ido mejorando. Quedar en una de estas dos categorías suele indicar mejor pronóstico.

Síntomas del SDRC

El síntoma principal es el dolor: quemante, punzante o profundo, continuo, que empeora con el roce, con el frío o al dejar la extremidad colgando. A su alrededor aparecen cuatro grupos de alteraciones:

  • Sensoriales: hiperalgesia (lo que dolía poco duele mucho) y alodinia (duele lo que no debería doler, como la sábana, el agua de la ducha o el aire).
  • Vasomotoras: la extremidad cambia de color (roja, pálida o azulada) y de temperatura respecto al otro lado.
  • Sudomotoras y edema: hinchazón y sudoración distinta, por exceso o por defecto, que en el lado sano.
  • Motoras y tróficas: pérdida de movilidad, debilidad, temblor, a veces distonía, y cambios en el vello, la piel y las uñas.

Hay además un síntoma muy característico que a los pacientes les cuesta contar por miedo a que suene raro: la sensación de que esa mano o ese pie «no son tuyos», de que están más grandes o deformes de lo que se ven, o de que necesitas mirarlos para poder moverlos. Se llama alteración de la percepción corporal, es un fenómeno conocido en el SDRC y orienta el tratamiento. Cuéntalo.

Por qué aparece: desencadenantes y factores de riesgo

El SDRC casi siempre se dispara tras un suceso concreto. Los más habituales son:

  • Fracturas, sobre todo de muñeca y de tobillo. Es el desencadenante más frecuente con diferencia.
  • Cirugías de la extremidad, incluidas las del túnel carpiano.
  • Esguinces y contusiones, incluso leves.
  • Inmovilizaciones prolongadas: escayolas, férulas o simplemente dejar de usar el brazo o la pierna.

El mecanismo no se conoce del todo, pero se acepta que intervienen a la vez una inflamación mantenida en la zona, una alteración en la regulación del sistema nervioso autónomo (de ahí los cambios de color, temperatura y sudoración) y, con el tiempo, cambios en la forma en que el cerebro representa esa parte del cuerpo. Dicho en corto: la alarma se queda encendida y el sistema pierde la referencia de esa extremidad.

Un matiz que además marca el tratamiento: la inmovilidad no es neutra. Dejar de mover una extremidad dolorida alimenta el problema, y por eso el movimiento gradual es la pieza central del abordaje.

Entre los factores asociados a más riesgo están el dolor intenso en los primeros días tras la lesión, la inmovilización larga y factores psicológicos como la ansiedad y el catastrofismo ante el dolor. Que aparezcan factores psicológicos en esa lista no significa que el dolor «sea psicológico»: significa que el miedo y el estrés modulan un dolor que es completamente real.

Cómo se diagnostica: los criterios de Budapest

No hay ninguna prueba que confirme un SDRC. La radiografía, la resonancia o la gammagrafía sirven sobre todo para descartar otras cosas, y una prueba normal no excluye el diagnóstico. Aun así, sí hay un hallazgo que aparece con frecuencia y que conviene conocer: la desmineralización ósea regional de la zona afectada, moteada y de predominio en los extremos de los huesos, y una captación aumentada alrededor de las articulaciones en la gammagrafía de tres fases. No sirve para confirmar el diagnóstico, pero cuando está documentada cambia parte del plan, como verás en el apartado de la magnetoterapia. El SDRC es un diagnóstico clínico, y se hace con los criterios de Budapest, adoptados por la IASP, la asociación internacional para el estudio del dolor.

Para el diagnóstico clínico tienen que cumplirse las cuatro condiciones:

  1. Dolor continuo desproporcionado respecto al suceso que lo desencadenó.
  2. Que el paciente refiera al menos un síntoma en 3 de las 4 categorías de la tabla.
  3. Que el explorador encuentre al menos un signo en 2 de las 4 categorías en el momento de la valoración.
  4. Que no haya otro diagnóstico que explique mejor el cuadro.
CategoríaQué se valora
SensorialHiperalgesia y alodinia
VasomotoraAsimetría de temperatura, o cambios y asimetría del color de la piel
Sudomotora y edemaHinchazón, o cambios y asimetría en la sudoración
Motora y tróficaPérdida de movilidad, debilidad, temblor o distonía, y cambios en el pelo, la piel y las uñas

En su estudio de validación, estos criterios mostraron una sensibilidad muy alta (0,99) y una especificidad moderada (0,68): detectan casi todos los casos, a costa de que alguno de los diagnosticados no lo sea en realidad. Por eso el cuarto punto, descartar otras causas, no es un trámite.

Diagnóstico diferencial: qué más puede parecer un SDRC

Hacer un diagnóstico diferencial es descartar, una por una, las patologías que producen un dolor parecido antes de quedarse con el diagnóstico correcto. Importa por dónde duele, cuándo aparece y con qué gestos cambia: el síndrome de sudeck se confunde a menudo con los cuadros de abajo. En la segunda columna tienes la pista que los distingue; si tu caso encaja mejor en otra fila, ahí tienes su guía.

CuadroLa pista que lo distingue
Trombosis venosa profundaPierna hinchada, dura y caliente tras una inmovilización o una cirugía, sin alodinia ni cambios en el vello o las uñas. Es una urgencia médica
Infección de una herida quirúrgicaEnrojecimiento que se extiende, calor, fiebre y supuración
Fractura que no consolida o material de osteosíntesis que molestaDolor localizado en un punto concreto del hueso, no en toda la región, y visible en la imagen
Dolor neuropático por lesión de un nervioLos síntomas siguen el territorio exacto de ese nervio y no hay cambios de color, temperatura ni sudoración
Atrapamiento del nervio mediano (túnel carpiano)Hormigueo sobre todo nocturno en pulgar, índice y corazón, sin hinchazón regional ni alodinia extensa
Hombro congelado (capsulitis adhesiva)Pérdida de movilidad del hombro en todas las direcciones, sin cambios de color ni de sudoración
Artritis inflamatoria o infecciosaArticulación caliente e hinchada con alteraciones en la analítica; el patrón es articular, no regional
Insuficiencia arterial de la extremidadDolor al caminar que cede al parar, pulsos disminuidos y piel fría, sin alodinia

Señales de alarma: cuándo consultar sin esperar

El SDRC en sí no es una urgencia, pero algunas de las cosas que pueden pasar en una extremidad recién operada o inmovilizada sí lo son, y conviene separarlas.

Ve a urgencias si aparece alguna de estas:

  • La mano o el pie cambian de color de forma brusca, se ponen pálidos, azulados o morados, o se quedan muy fríos.
  • La hinchazón crece deprisa, la piel queda tensa y brillante o notas que el yeso o el vendaje aprietan cada vez más.
  • Fiebre, enrojecimiento que se extiende o supuración en una herida quirúrgica.
  • Pantorrilla hinchada, dura y dolorosa tras una inmovilización o una cirugía: hay que descartar una trombosis.

Pide revisión médica pronto, sin esperar a la siguiente cita, si:

  • Estás perdiendo movilidad rápido: cada semana cierras menos la mano o mueves menos el tobillo.
  • El dolor sigue subiendo pese al tratamiento y ya no te deja dormir ni usar la extremidad.
  • Aparecen cambios de color, temperatura o sudoración que antes no estaban, semanas después de una fractura o una cirugía.

Este segundo bloque importa tanto como el primero, porque el SDRC responde mejor cuanto antes se coge.

Tratamiento del SDRC: qué se hace hoy

Las guías clínicas de referencia organizan el tratamiento en cuatro pilares que van a la vez, no uno detrás de otro: educación, alivio del dolor, rehabilitación física e intervención psicológica. Por separado, ninguno rinde.

1. Entender qué está pasando

Suena a poco y es el punto de partida. Saber que el dolor es real pero desproporcionado, que no significa que te estés rompiendo por dentro y que moverte no va a estropear la extremidad cambia lo que te atreves a hacer. Y lo que te atreves a hacer es, literalmente, el tratamiento.

2. Volver a mover, pronto y de forma gradual

Es la pieza central. El objetivo es recuperar el uso de la extremidad, no que el ejercicio no moleste nunca. Se trabaja con recorridos y cargas que provoquen una molestia tolerable y que no dejen la zona peor al día siguiente, y se sube desde ahí. La inmovilización, en cambio, perpetúa el cuadro.

3. Desensibilización

Si no soportas el roce de la ropa, se entrena la tolerancia al tacto de forma progresiva, con texturas y temperaturas distintas, y se añaden ejercicios de discriminación táctil: reconocer con los ojos cerrados dónde y con qué te tocan. La idea es devolverle al cerebro un mapa nítido de esa zona.

4. Terapia en espejo e imaginería motora graduada

La imaginería motora graduada, desarrollada por Moseley y Butler, es un programa de tres fases que se hacen en este orden: reconocimiento de lateralidad (identificar si la imagen es de una mano derecha o izquierda), movimientos imaginados y, por último, terapia en espejo, en la que mueves la extremidad sana frente a un espejo que la refleja donde estaría la afectada. Es de lo más estudiado en el SDRC, aunque, como verás en el siguiente apartado, la certeza de la evidencia sigue siendo baja.

5. Trabajar el miedo al movimiento

Cuando algo duele mucho y de forma incoherente, dejar de usarlo es la respuesta lógica. El problema es que la evitación mantiene la pérdida de función. Aquí se trabaja con exposición gradual a los movimientos que dan miedo y, cuando la ansiedad o el catastrofismo son marcados, con apoyo psicológico. Es una parte del tratamiento, no un juicio sobre ti.

6. Trabajo conjunto con la unidad del dolor

El SDRC es de los cuadros que más se benefician de un equipo. La unidad del dolor aporta el control farmacológico y, en casos seleccionados, técnicas intervencionistas; la fisioterapia aporta la rehabilitación, que es lo que sostiene la mejoría. Si tienes un SDRC y aún no te han derivado, pregúntaselo a tu médico: la fisioterapia rinde mucho más cuando el dolor está controlado lo suficiente para poder moverse.

Qué dice la evidencia sobre la fisioterapia en el SDRC

Conviene precisarlo, porque en internet vas a encontrar afirmaciones bastante más rotundas que esta. La revisión Cochrane de 2022 sobre fisioterapia en el SDRC tipos I y II concluyó que la evidencia es muy incierta sobre los efectos de las intervenciones de fisioterapia en el dolor y la discapacidad en el SDRC. Fisioterapia multimodal, ejercicio aeróbico, imaginería motora graduada, terapia en espejo, realidad virtual, TENS y exposición gradual pueden reducir el dolor o la discapacidad frente a otras intervenciones activas, pero con una certeza muy baja y con efectos vistos sobre todo a corto plazo. Para el SDRC tipo II no se encontró ningún ensayo que cumpliera los criterios de la revisión.

¿Y qué hacemos con eso? Ni tirar la fisioterapia a la basura ni prometer lo que no se puede prometer. La rehabilitación sigue siendo la piedra angular del tratamiento en las guías clínicas, porque el objetivo (recuperar el uso de la extremidad) no lo consigue ningún fármaco por sí solo. Lo que cambia es el tono con el que trabajamos: objetivos funcionales medibles y una revisión cada pocas semanas para ver si el plan va bien, en lugar de un protocolo infalible.

Magnetoterapia en el Sudeck: cuándo no aporta y cuándo puede tener sentido

Declaración de conflicto de interés: en nuestras clínicas alquilamos equipos de magnetoterapia, así que cualquier cosa que digamos a favor es también a favor de un servicio del que cobramos. Precisamente por eso vamos a separar dos preguntas que casi siempre se mezclan, y a decir en cuál la respuesta es no.

Para el dolor y la función: no la recomendamos

Si lo que buscas es que la magnetoterapia te quite el dolor o te devuelva la movilidad de la mano o del pie, la evidencia no la respalda. El ensayo controlado y aleatorizado más pertinente, en pacientes con SDRC tipo I de la mano, comparó la rehabilitación convencional con esa misma rehabilitación más campos electromagnéticos pulsados: los dos grupos mejoraron y añadir magnetoterapia no aportó beneficio adicional ni en dolor ni en función. Es un estudio pequeño, de 32 pacientes, pero es la mejor evidencia directa que hay y no da para recomendarla con ese objetivo. Hasta esta revisión, esta guía la presentaba como una opción de tratamiento del SDRC: la hemos retirado.

Si hay osteoporosis localizada: ahí sí puede tener sentido

Hay un escenario distinto, y es el que justifica que sigamos hablando de ella. El SDRC cursa a menudo con una pérdida de hueso regional, limitada a la zona afectada: es justo lo que describió Sudeck y lo que da nombre a la atrofia de Sudeck. En la radiografía aparece como una desmineralización moteada, en parches, que empieza por los extremos de los huesos y que con el tiempo se vuelve más uniforme, sin erosiones articulares. Cuando existe, es un problema real y añadido: hueso más frágil en una extremidad que además se está usando poco.

Ese componente óseo es la razón por la que se han estudiado los bifosfonatos en el SDRC. El metaanálisis más reciente, con 11 ensayos y 754 participantes (el 97 % con SDRC tipo I), encontró que pueden reducir el dolor a corto plazo, entre la cuarta semana y el tercer mes, pero no en las primeras semanas ni ya pasados los tres meses, y con más efectos adversos, sobre todo dolor articular y muscular. O sea, una opción real pero acotada, y que decide tu médico.

La magnetoterapia entra aquí por la misma puerta: su efecto documentado es sobre el hueso. Los campos electromagnéticos pulsados estimulan la actividad de los osteoblastos y frenan la resorción, y ese es su uso aprobado desde hace décadas en fracturas que no consolidan. En osteoporosis primaria, un metaanálisis de 8 ensayos con 411 participantes concluyó que no son inferiores a los fármacos habituales ni al ejercicio para frenar la pérdida de densidad mineral ósea en columna lumbar y cuello del fémur. Con una advertencia que sus propios autores subrayan: la certeza de esa evidencia va de moderada a muy baja y los seguimientos son cortos.

Ahora la parte que hay que leer antes de alquilar nada: esa evidencia procede de la osteoporosis generalizada y de la consolidación de fracturas, no de la osteoporosis regional del SDRC. Nadie ha demostrado en un ensayo que aplicar magnetoterapia recupere el hueso perdido por un Sudeck ni que eso se traduzca en menos dolor. Es un razonamiento fisiopatológico razonable (hay pérdida de hueso, y esto actúa sobre el hueso), no un resultado comprobado. Con esa carta sobre la mesa, cuando en tu caso está documentada una desmineralización marcada, plantearla como complemento tiene sentido.

Y tres condiciones, para que se entienda bien: no sustituye a nada (el movimiento gradual, la desensibilización, el trabajo del miedo al movimiento y el control del dolor siguen siendo el tratamiento); no es algo que se ponga uno por su cuenta porque tiene un Sudeck, sino una indicación que se valora caso por caso y con la prueba que documente la pérdida de hueso delante; y tiene contraindicaciones que hay que revisar antes, como el marcapasos o el embarazo. Si tu caso no encaja, te lo diremos, aunque el aparato lo alquilemos nosotros.

Errores frecuentes (y qué hacer en su lugar)

Error habitualQué hacer en su lugar
Inmovilizar «hasta que deje de doler»Mover de forma gradual desde el principio, con molestia tolerable, que es lo que rompe el círculo
Apretar los dientes y forzar hasta dejar la zona peor dos díasDosificar: subir la carga solo cuando la respuesta del día siguiente es asumible
Esperar a que una prueba de imagen «diga algo»El diagnóstico es clínico; las pruebas sirven para descartar otras causas, no para confirmarlo
Buscar el aparato o la técnica que lo curaUn plan con los cuatro pilares a la vez y objetivos funcionales revisados cada pocas semanas
Callarse la sensación de que la mano «no es tuya» por miedo al qué diránContarlo: es un síntoma conocido y orienta el trabajo hacia la imaginería motora y la desensibilización
Llevar el SDRC solo desde la fisioterapiaCoordinarse con el médico y, cuando toca, con la unidad del dolor y con psicología

Pronóstico: ¿cuánto dura un síndrome de Sudeck?

La respuesta es que varía mucho, y que el momento en el que se coge pesa más que casi cualquier otra cosa.

Los datos más útiles vienen de estudios que siguieron a pacientes con un SDRC reciente: casi todos los signos y síntomas se reducen de forma significativa a lo largo del primer año, con la mejoría más marcada en los primeros seis meses y una meseta después. Una revisión sistemática de estudios prospectivos encontró que menos del 20 % de los pacientes seguía con dolor alrededor del año del inicio del cuadro.

La otra cara es que existe una minoría en la que el SDRC se cronifica y puede llegar a ser grave, y que los casos con años de evolución responden peor que los recientes, con más dolor y más alteraciones sensoriales. Por eso insistimos tanto en empezar pronto.

Sobre la baja laboral no te voy a dar un número de días, porque depende de qué extremidad sea, de si es la dominante, de las exigencias físicas de tu puesto y de cómo respondas, y porque quien la decide es tu médico. Lo que sí puedo decirte es el criterio con el que trabajamos: volver a la actividad en cuanto sea posible, adaptando tareas, en vez de esperar a estar al cien por cien. Estar parado en casa alimenta la pérdida de función y el aislamiento, que son dos de los peores acompañantes de este cuadro.

Tratamiento del SDRC en Barcelona y Madrid

Tratamos el síndrome de dolor regional complejo en nuestras clínicas de fisioterapia en Barcelona, en el Eixample y en Gràcia, y en la de fisioterapia en Madrid, en el Barrio de Salamanca. La primera visita es una valoración larga: repasamos los informes, exploramos la extremidad, medimos de dónde partes en movilidad y en función, y sales con un plan por fases y unas fechas de revisión.

Si tu caso lleva tiempo y ha pasado ya por varias manos, te interesa cómo abordamos los casos complejos de dolor persistente.

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Mi opinión como fisioterapeuta

De todo lo que veo en consulta, lo que más me llama la atención del SDRC no es el dolor: es la soledad con la que llega la gente. Personas con un diagnóstico escrito en un informe, sin plan, sin plazos y con la sospecha de que a su alrededor nadie termina de creerse que duela tanto por un esguince de tobillo.

Si tuviera que quedarme con tres ideas serían estas. Una: tu dolor es real, y que sea desproporcionado es precisamente el criterio diagnóstico, no una prueba en tu contra. Dos: lo que más respaldo tiene es volver a usar la extremidad de forma gradual, y eso se hace acompañado y con dosis, no a base de fuerza de voluntad. Y tres: ningún profesional puede ofrecerte una técnica que lo cure, ni siquiera las que alquilamos nosotros.

Confío en que esta guía te sirva para orientarte y para llegar a tu próxima consulta con mejores preguntas.

Preguntas frecuentes sobre el síndrome de Sudeck

¿El síndrome de Sudeck se cura?

Muchos casos mejoran mucho, sobre todo los que se cogen pronto: en estudios prospectivos, menos del 20 % de los pacientes seguía con dolor alrededor del año del inicio, y la mejoría es mayor durante los primeros seis meses. Hay una minoría en la que el cuadro se cronifica. Nadie puede garantizarte una curación completa, y nadie puede garantizarla.

¿Es lo mismo el Sudeck que la distrofia simpático refleja?

Sí. Son nombres del mismo cuadro, que hoy se llama síndrome de dolor regional complejo (SDRC). «Atrofia de Sudeck» y «distrofia simpático refleja» corresponden al SDRC tipo I, y «causalgia» al tipo II. Que tu informe use el nombre antiguo no cambia ni el diagnóstico ni el tratamiento.

¿Qué prueba confirma un síndrome de Sudeck?

Ninguna. El diagnóstico es clínico y se hace con los criterios de Budapest, valorando síntomas y signos en cuatro categorías. La radiografía, la resonancia o la gammagrafía sirven para descartar otras causas, y una prueba normal no descarta un SDRC.

¿Muevo la extremidad o la dejo en reposo?

La mueves, de forma gradual y con una molestia tolerable. El reposo prolongado y la inmovilización perpetúan el cuadro y hacen perder función. Otra cosa es la dosis: se busca un nivel de actividad que no deje la zona peor al día siguiente, y se sube desde ahí.

¿Funciona la terapia en espejo?

Es una de las técnicas más estudiadas en el SDRC y forma parte de la imaginería motora graduada. La revisión Cochrane de 2022 concluyó que puede reducir el dolor y la discapacidad, pero con una certeza de la evidencia muy baja y con efectos vistos sobre todo a corto plazo. La usamos, sin prometer resultados.

¿La magnetoterapia sirve para el Sudeck?

Con el conflicto de interés por delante, porque en nuestras clínicas alquilamos los equipos: depende de para qué. Para quitar dolor o recuperar función no la recomendamos, porque el ensayo aleatorizado más pertinente, en SDRC tipo I de la mano, no encontró beneficio al añadirla a la rehabilitación convencional. Cosa distinta es que en tu caso esté documentada una osteoporosis localizada, que es frecuente en el SDRC: ahí sí puede plantearse como complemento, porque el efecto demostrado de los campos electromagnéticos pulsados es sobre el hueso. Eso sí, esa evidencia viene de la osteoporosis generalizada y de las fracturas que no consolidan, no del SDRC, así que es una extrapolación razonable y no una certeza. Nunca sustituye al movimiento gradual ni al resto del tratamiento, y la indicación se valora caso por caso.

¿Me tienen que derivar a una unidad del dolor?

En bastantes casos sí, sobre todo si el dolor no está lo bastante controlado como para poder moverte y hacer la rehabilitación. Coméntalo con tu médico: el SDRC es de los cuadros que más se benefician de un equipo, con médico, fisioterapia y, cuando hace falta, psicología.

¿Se puede trabajar con un SDRC?

Depende de qué extremidad sea, de si es la dominante y de las exigencias de tu puesto, y quien decide la baja es tu médico. El criterio general es volver a la actividad lo antes posible adaptando tareas, porque la inactividad prolongada empeora tanto la función como el estado de ánimo.

Bibliografía

Para seguir leyendo

Guías relacionadas

Artículos de nuestros fisioterapeutas que desarrollan un aspecto concreto de esta guía.

Enric Gallofré, fisioterapeuta y osteópata

«Ser fisioterapeuta es estar comprometido con el paciente: estar ahí y prepararse para una persona que confía en ti y deja su salud en tus manos.»

Escrito y revisado por Enric Gallofré, fisioterapeuta y osteópata colegiado nº 11099 (Col·legi de Fisioterapeutes de Catalunya).

Director de las Clínicas de Fisioterapia y Osteopatía Enric Gallofré en Barcelona y Madrid: más de 12.000 pacientes atendidos, 554 reseñas (4,9/5) en Barcelona y 270 reseñas (4,9/5) en Madrid, Doctoralia Awards 2018 y 2019.

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