
Cuando alguien me dice en consulta que le duele la cadera, lo primero que le pido es que me lo señale con un dedo. Ahí empieza casi todo. Unos apuntan al pliegue de la ingle, muchos al hueso del costado, otros al centro de la nalga y algunos se pasan la mano por la cara externa del muslo, acorchada. Son cuatro dolores distintos y solo uno sale de la articulación.
Esta es la guía de entrada de la zona: a qué territorio pertenece tu dolor, qué cuadros viven en cada uno, qué señales obligan a consultar sin esperar y por dónde empieza el tratamiento.
¿Qué es el dolor de cadera?
El dolor de cadera no es un diagnóstico, es una zona, y bajo esa etiqueta caben cuadros que no se parecen en nada.
La articulación está más adelante y más profunda de lo que la gente imagina: une la cabeza del fémur con la cavidad de la pelvis, queda debajo del pliegue de la ingle y la tapan varias capas de músculo. Desde fuera no se toca. Lo que sí se toca es el trocánter mayor, el hueso duro que notas en el costado al tumbarte de lado: no es la articulación, es el saliente del fémur donde se anclan los tendones de los glúteos, y es donde casi todo el mundo pone la mano al decir que le duele la cadera.
De ahí salen dos consecuencias prácticas. Cuando el problema está dentro de la articulación, el dolor se nota en la ingle y a veces baja hasta la rodilla, así que una cadera puede presentarse disfrazada de dolor de rodilla: por eso a un niño con dolor de rodilla hay que explorarle siempre la cadera. Y cuando duele el costado, la nalga o la cara externa del muslo, el responsable suele ser un tendón, un nervio, la pelvis o la espalda baja.
Síntomas: cómo reconocer de dónde sale tu dolor
Ordenar el dolor por localización es el primer filtro y el que más errores evita. Mira en cuál de estos cuatro territorios cae tu caso.
Dolor en la ingle: aquí sí manda la articulación
Dolor profundo en el pliegue de la ingle, a veces con sensación de pinzamiento. Molesta al ponerte los calcetines, al salir de un coche bajo y al llevar la rodilla al pecho.
Si hay rigidez al arrancar y la rotación hacia dentro está limitada, pensamos en artrosis de cadera, que responde al ejercicio mejor de lo que la gente espera. Si eres joven, deportista y el pinchazo aparece al flexionar a fondo (sentadilla profunda, escalada, remo), el sospechoso es el choque femoroacetabular. Y si baja hacia el pubis y los aductores al chutar o esprintar, hablamos de pubalgia.
La ingle es además el territorio que más obliga a mirar dos veces, porque ahí viven casi todas las señales de alarma de la cadera.
Dolor lateral, sobre el hueso del costado: el más frecuente
Duele al tumbarte de ese lado por la noche, al subir escaleras, al estar de pie cargando el peso sobre una pierna y al cruzar las piernas. El punto está muy localizado sobre el hueso y no suele dar hormigueos.
Durante décadas esto se etiquetó como una bolsa inflamada y el nombre se quedó, pero el dolor lateral de cadera casi nunca es una bursitis. Lo que duele en la gran mayoría de los casos es el tendón del glúteo medio y menor en su anclaje al hueso, es decir, una tendinopatía glútea. La bolsa puede irritarse de acompañante, pero rara vez es el problema principal, y eso cambia el plan: no se trata de desinflamar, sino de descomprimir y cargar. Si a ti te dieron el diagnóstico de bursitis trocantérica, ahí te explico qué queda de él.
Dolor en el glúteo y por detrás: pelvis, nervio profundo o tendón
Aquí conviven tres cuadros que se confunden con facilidad, y lo que los separa es el punto exacto.
- Dolor junto al sacro, que se despierta al girarte en la cama o al cargar el peso sobre esa pierna: apunta a la sacroileítis o dolor sacroiliaco.
- Dolor en el centro de la nalga, profundo, peor sentado mucho rato y que puede bajar por detrás del muslo con hormigueo: es el patrón del síndrome piramidal.
- Dolor en el hueso sobre el que te sientas, peor en asientos duros, conduciendo, al correr rápido y, muy característicamente, al estirar: es la tendinopatía isquiotibial proximal.
Cara externa del muslo acorchada: eso no viene de la cadera
Quemazón, hormigueo o sensación de pierna dormida en una zona ovalada del muslo que no pasa de la rodilla, sin pérdida de fuerza y sin que mover la cadera reproduzca nada. Es un nervio puramente sensitivo comprimido bajo el ligamento inguinal, con nombre y tratamiento propios: meralgia parestésica. Cinturones apretados, un aumento rápido de peso o el embarazo lo explican a menudo.
Causas y factores de riesgo
- Cargas mal dosificadas: el salto de kilómetros, la vuelta al gimnasio con prisa, la caminata de vacaciones tras meses de silla. Es el factor que más veo y el más modificable.
- Glúteo débil y poco apoyo sobre una pierna: la cadera vive de ese apoyo, y cuando no se entrena, tendones y articulación asumen lo que no les toca.
- Compresión mantenida del lateral: cruzar las piernas, dormir de lado sin almohada, cargar siempre sobre la misma cadera.
- Edad y forma de la cadera: el cartílago cambia con los años y hay caderas con un contacto precoz entre el fémur y la cavidad, pero mucha gente las tiene sin ningún dolor.
- Embarazo y posparto: el reparto de cargas sobre la pelvis cambia en pocos meses y la musculatura tarda en adaptarse.
- Factores generales: sobrepeso, tabaco y diabetes se asocian a peor salud del tendón. Los corticoides prolongados, el alcohol y una densidad ósea baja pesan sobre el hueso y cambian la lista de sospechosos.
Señales de alarma: cuándo acudir al médico sin esperar
Son una minoría de los casos y por eso mismo hay que buscarlas a propósito. Estas son las de esta zona:
- Fractura por estrés del cuello del fémur: dolor en la ingle que aparece al correr o al marchar, empeora al apoyar el peso y al saltar sobre una sola pierna, y no cede tras dos o tres semanas de reposo relativo. Aparece sobre todo en corredores y en militares que han subido carga de golpe, y también en mujeres con reglas ausentes, ingesta escasa o densidad ósea baja. Es la bandera roja que más se escapa en una consulta de fisioterapia, porque se disfraza de sobrecarga de aductores o de psoas. Si la fractura se desplaza las consecuencias son graves y el tratamiento pasa a ser quirúrgico y urgente, así que ante la sospecha se deja de correr, se descarga la pierna y se pide valoración médica el mismo día.
- Fractura de cadera: no poder apoyar la pierna tras una caída, con dolor de ingle y la pierna más corta y girada hacia fuera. Con osteoporosis basta un golpe leve, y hay fracturas que todavía permiten caminar un poco: urgencias igualmente.
- Artritis séptica de cadera: ingle o cadera calientes e hinchadas, dolor intenso con el mínimo movimiento y mal estado general. Suele haber fiebre, pero puede faltar en personas mayores, con diabetes o con las defensas bajas. Es una urgencia hospitalaria del mismo día, porque la articulación se daña en horas.
- Necrosis avascular de la cabeza del fémur: dolor de ingle que va a más semana a semana, primero al cargar y después también en reposo y de noche, con rigidez progresiva. Pesa mucho el antecedente: corticoides prolongados, consumo alto de alcohol, lupus u otras enfermedades autoinmunes, drepanocitosis, quimioterapia o una fractura previa de la zona. Cuanto antes se identifica, más opciones hay de conservar la cabeza del fémur.
- Dolor de cadera en un niño o un adolescente: cojera, dolor de ingle o dolor de rodilla que no remite en pocos días, con o sin golpe previo. Nunca se maneja como una sobrecarga. Hacia los 4 a 9 años hay que descartar la enfermedad de Perthes, y en el adolescente, sobre todo con sobrepeso y con el pie girado hacia fuera al caminar, la epifisiolisis de la cabeza femoral, que puede desplazarse más si sigue cargando la pierna. Si hay fiebre, la prioridad es descartar una infección.
- Dolor constante que no cambia con la postura, que te despierta cada noche y viene con fiebre, pérdida de peso sin explicación o antecedente de cáncer.
- Un bulto en la ingle que aparece o crece al toser, o dolor de ingle con síntomas urinarios, digestivos o ginecológicos.
Fuera de esta lista, el escenario es el otro: duele, limita y asusta, pero no es peligroso. Y se trata.
¿Cómo se diagnostica?
El diagnóstico es clínico. Empezamos por el dedo que señala, seguimos por tu historia (cuándo empezó, qué lo dispara, qué has cambiado en las últimas semanas) y terminamos explorando: palpación del trocánter y del hueso isquiático, recorrido articular (sobre todo la rotación hacia dentro, lo primero que se pierde cuando el problema es articular), maniobras de choque en la ingle, provocación de la sacroiliaca y fuerza de los abductores en apoyo de una pierna.
Dos cosas no nos las saltamos nunca: explorar la espalda baja y, en quien corre con dolor de ingle, comprobar el salto sobre una sola pierna, porque si eso duele no se progresa carga, se deriva.
Las pruebas de imagen se piden cuando cambian la decisión: radiografía ante sospecha de artrosis o de fractura, ecografía para tendones, resonancia si la evolución no encaja. Un matiz que importa: ante la sospecha de fractura por estrés o de necrosis de la cabeza del fémur, una radiografía normal no descarta nada. Y al revés, el desgaste y las formas de cadera particulares aparecen en muchas personas sin ningún dolor.
Diagnóstico diferencial: ¿qué más puede doler en la cadera?
Buena parte de la primera visita consiste en separar cuadros que por fuera se parecen mucho. Los que más veo confundidos:
| Cuadro | La pista que lo delata |
|---|---|
| Dolor lumbar referido | Duele más arriba y al centro, cambia al girar la columna y mover la cadera no reproduce nada |
| Ciática | Arranca en la nalga y baja por debajo de la rodilla, con hormigueo o pérdida de fuerza en el pie |
| Fractura por estrés del cuello del fémur | Corredor o militar que ha subido carga: dolor de ingle al apoyar y al saltar sobre una sola pierna que no cede con reposo relativo, con radiografía inicial que puede ser normal |
| Hernia inguinal | Bulto blando en la ingle que sale de pie, al toser o al levantar peso y se reduce al tumbarte: sensación de peso más que de pinchazo |
| Fractura de cadera por fragilidad | Persona mayor, caída leve, dolor de ingle sin poder apoyar y pierna acortada y girada hacia fuera |
| Necrosis avascular de la cabeza del fémur | Dolor de ingle que progresa en semanas hasta doler en reposo, con corticoides, alcohol, lupus o drepanocitosis detrás |
| Artritis séptica de cadera | Ingle caliente e hinchada, mal estado general y dolor intenso con el mínimo movimiento: urgencia hospitalaria |
| Epifisiolisis de la cabeza femoral o enfermedad de Perthes | Niño o adolescente con cojera y dolor de ingle o de rodilla: valoración médica e imagen antes de tratar nada |
| Causa tumoral o metastásica en el hueso | Dolor que no cambia con la postura, despierta de noche, con pérdida de peso o antecedente de cáncer |
Tratamiento: qué funciona en el dolor de cadera
- Identificar el territorio: es lo que más cambia el resultado, porque lo que ayuda en la ingle (ganar movilidad) puede empeorar el lateral.
- Quitar lo que irrita: ajustar cargas y retirar las posturas que sostienen el dolor suele dar el primer alivio.
- Ejercicio progresivo: el denominador común de todos los cuadros de la zona. Importan más la progresión y la constancia que el ejercicio concreto.
- Terapia manual, punción seca y neuromodulación: bajan el dolor y abren una ventana para moverte y cargar mejor. Acompañan al ejercicio, no lo sustituyen.
- Medicación e infiltraciones: las pauta tu médico y tienen su sitio en casos concretos. En el dolor lateral, el alivio del corticoide suele ser corto y, si no se acompaña de trabajo de carga, el cuadro tiende a volver.
- Cirugía: con indicaciones claras (artrosis avanzada que limita mucho la calidad de vida, choque femoroacetabular que no responde tras meses de tratamiento conservador bien hecho, fractura). Fuera de ellas no es el primer paso.
Cada cuadro tiene además su propio plan, con sus ejercicios y sus progresiones, y lo desarrollo en la guía que le corresponde.
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Fisioterapia para el dolor de cadera: así lo tratamos
Trabajamos por fases y ajustamos según responde tu cadera: manda tu evolución, no el calendario.
Fase 1. Calmar la zona y retirar lo que la mantiene
Traducimos el diagnóstico a decisiones para tu semana: cuánto bajamos el volumen, qué gestos se aparcan, cómo duermes, cómo te sientas. En paralelo, terapia manual, punción seca en Barcelona y en Madrid si hay puntos gatillo que mandan en el cuadro, y neuromodulación si el componente nervioso es el protagonista. Reposo absoluto no: se sigue caminando.
Fase 2. Construir fuerza donde falta
El corazón del tratamiento: trabajo progresivo de glúteo, aductores e isquiotibiales, con mucho apoyo sobre una sola pierna, de posiciones estables a lo que tu cadera hace al andar, subir escaleras o correr. Aquí hace falta paciencia, el tendón responde despacio.
Fase 3. Volver a tu actividad y que aguante
Reintroducimos por escalones el impacto y las cargas de tu día a día y te dejamos un plan de mantenimiento. Es la fase a la que más importancia damos en fisioterapia en Barcelona y en fisioterapia en Madrid, porque decide si dentro de tres meses vuelves a empezar.
Ejercicios para empezar hoy en casa
Si no tienes ninguna de las señales de alarma de arriba, estos dos son un punto de partida razonable mientras te valoran. Regla de siempre: molestia leve tolerable, sí; dolor que sube o que te deja peor a las 24 horas, no.
- Isométrico de abductores contra la pared: de pie de lado, empuja la pared con la rodilla de fuera mientras te sostienes sobre la pierna de dentro. 5 repeticiones de 20 a 30 segundos. Suele ser el que mejor tolera el dolor lateral.
- Puente de glúteo: boca arriba con las rodillas dobladas, eleva la pelvis apretando los glúteos y baja despacio. 3 series de 10, en días alternos.
El programa completo, con sus progresiones, va en la guía de tu cuadro. Y un aviso que evita recaídas: si tu dolor es lateral o está en el hueso de sentarte, evita los estiramientos que cruzan la rodilla por delante de la otra pierna, porque comprimen justo el tendón que duele.
¿Cuánto tarda en curarse un dolor de cadera?
Depende del cuadro, y por eso el mapa importa tanto. Estos son los rangos con los que trabajamos cuando no hay ninguna señal de alarma detrás:
- 4 a 8 semanas en buena parte de los cuadros recientes bien identificados, si se ajustan las cargas y se empieza pronto.
- 3 a 6 meses en las tendinopatías del lateral y del isquiotibial ya instaladas, que son las que más llegan a consulta. La mejoría se nota antes, pero el cambio sólido tarda, y en cuadros de años de evolución o cuando hay que volver a esprintar el plazo se alarga bastante más.
- 6 a 12 semanas en una pubalgia reciente, y de 3 a 6 meses si lleva tiempo instalada o si tu deporte exige cambios de dirección y remate.
- De semanas a algunos meses en la meralgia parestésica, según cuánto tardes en retirar la compresión que la provoca.
- En la artrosis el marco es otro: no hablamos de curación, sino de manejo a largo plazo, con mejoras que se mantienen mientras se mantiene el trabajo.
- Los cuadros que no son de fisioterapia (fractura por estrés, necrosis, infección, dolor de cadera del niño) siguen su propio calendario y lo marca el médico que los trata.
Dos matices importantes: las recaídas existen, sobre todo al volver de golpe, y no todo el mundo termina en el cero absoluto. El objetivo es que hagas tu vida sin que la cadera mande.
Errores frecuentes (y qué hacer en su lugar)
| Error habitual | Qué hacer en su lugar |
|---|---|
| Tratar como sobrecarga un dolor de ingle del corredor que va a más y no cede con reposo | Parar el impacto y pedir valoración médica: hay que descartar una fractura por estrés del cuello del fémur antes de seguir cargando la cadera |
| Manejar el dolor de cadera o de rodilla de un niño o un adolescente como una molestia de crecimiento | Explorarle la cadera y derivar para imagen, porque la epifisiolisis puede desplazarse más si sigue cargando la pierna |
| Dar por hecho que todo dolor de cadera es artrosis | Localizar primero el territorio: la mayoría de los dolores del costado vienen del tendón, no del cartílago |
| Estirar el lateral cruzando la pierna porque notas la zona tensa | Cambiar ese estiramiento por fuerza en posiciones neutras, porque esa postura comprime el tendón contra el hueso |
| Encadenar infiltraciones sin cambiar nada más | Aprovechar la ventana sin dolor para cargar el tendón de forma progresiva |
| Parar del todo hasta que no duela nada | Bajar volumen e impacto manteniendo lo que no duele, y subir por escalones vigilando la respuesta a las 24 horas |
Mi opinión como fisioterapeuta
De todas las zonas del cuerpo, la cadera es donde más veces veo a alguien tratado durante meses de algo que no tenía: dolores laterales tratados como artrosis, dolores de ingle etiquetados de sobrecarga de aductores cuando el problema era articular, glúteos amasados con un origen que estaba en la espalda baja. Casi siempre el fallo no estuvo en la técnica, sino en identificar bien el origen del dolor.
Y hay un caso que me preocupa más que ninguno: el corredor con dolor de ingle al apoyar que lleva semanas tratándose una sobrecarga que no mejora. Se parece mucho a un psoas cargado y a veces es una fractura por estrés del cuello del fémur. Cuando dudo, no trato: derivo.
Me quedo con tres ideas. Señala el punto, porque la primera pista te la das tú. Quita la compresión, porque hay dolores laterales que mejoran mucho solo con dejar de cruzar las piernas. Y hazte fuerte en apoyo de una pierna, que es lo que la cadera hace todo el día y casi nadie entrena.
Preguntas frecuentes sobre el dolor de cadera
¿Todo dolor de cadera es artrosis?
No. La artrosis duele en la ingle, con rigidez al arrancar y con la pierna limitada para girar hacia dentro, y aparece sobre todo a partir de los 50. La causa más frecuente que veo en consulta es la tendinopatía glútea, que duele en el lateral y nada tiene que ver con el cartílago. Localiza el dolor antes de suponer el diagnóstico.
¿Por qué me duele más la cadera al tumbarme de ese lado?
Ese patrón apunta al lateral. Al apoyar el peso sobre el trocánter, el tendón del glúteo queda comprimido contra el hueso durante horas y la zona amanece más sensible. Dormir del otro lado con una almohada entre las rodillas suele ayudar con el dolor nocturno.
¿Puedo seguir corriendo o entrenando con dolor de cadera?
En la mayoría de los casos sí, adaptando: bajar volumen, impacto y cuestas suele funcionar mejor que parar del todo, y se aparca el gesto que reproduce el dolor. Hay una excepción importante: el dolor de ingle que aparece al apoyar tras subir mucho los kilómetros y no cede con reposo relativo. Ahí se deja de correr y se pide valoración médica, porque hay que descartar una fractura por estrés del cuello del fémur.
¿Sirve de algo estirar cuando duele la cadera?
Depende de dónde duela. En el dolor lateral y en el del hueso sobre el que te sientas, los estiramientos que cruzan la rodilla por delante de la otra pierna comprimen el tendón que duele y suelen empeorarlo. En el dolor de ingle con rigidez, en cambio, la movilidad suave ayuda.
¿Necesito una radiografía o una resonancia?
No de entrada. La exploración orienta más que la imagen, y las pruebas encuentran desgaste o formas de cadera particulares en personas sin dolor. Se piden ante señales de alarma, cuando la evolución no cuadra o cuando se valora una infiltración o una cirugía. Con una excepción: si se sospecha una fractura por estrés o una necrosis de la cabeza del fémur, una radiografía normal no descarta nada y hace falta resonancia.
¿El dolor de cadera puede venir de la espalda?
Con mucha frecuencia, y es una de las confusiones más repetidas. Una zona lumbar irritada refiere dolor al glúteo y a la cadera, y una raíz nerviosa comprimida puede doler en la nalga y bajar por la pierna. La pista es que mover la cadera no reproduce tu dolor y sí lo notas al girar el tronco.