Hernia inguinal: síntomas, cuándo se opera y qué puede hacer la fisioterapia

Por Enric Gallofré · Fisioterapeuta y Osteópata · Col. nº 11099 · Última revisión:

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Respuesta corta: Una hernia inguinal es un bulto en la ingle que aparece porque grasa del abdomen o un asa de intestino se cuelan por un punto débil de la pared abdominal. Se nota de pie, al toser o al levantar peso, y suele desaparecer al tumbarte.

No se cierra sola ni se arregla con ejercicio, faja o terapia manual: el único tratamiento que repara el defecto es la cirugía, casi siempre con malla. Si es pequeña y no da síntomas, tu cirujano puede proponerte esperar y vigilar, aunque la mayoría acaba operándose con los años.

La fisioterapia trabaja alrededor de la operación: manejo de la presión abdominal antes, progresión de carga después y tratamiento de la ingle que sigue doliendo meses más tarde.

Hernia inguinal: manos sobre la parte baja del abdomen, justo por encima de la ingle

Te agachas a coger algo del suelo, te incorporas y notas un bulto blando en la ingle que antes no estaba. Al tumbarte desaparece. Al toser, vuelve. Esa es la historia con la que llega a consulta casi todo el que tiene una hernia inguinal, y la pregunta que la acompaña es siempre la misma: ¿esto se arregla con ejercicio?

No se arregla, y conviene entender por qué. Lo que sí hace un fisioterapeuta con una hernia inguinal es más de lo que parece: distinguirla del dolor de ingle que no es una hernia, prepararte para el quirófano y devolverte al deporte después sin que la prisa te pase factura.

¿Qué es una hernia inguinal?

La pared del abdomen tiene, a cada lado de la ingle, un pasadizo natural llamado conducto inguinal. Por ahí discurren el cordón espermático en el hombre y un ligamento del útero en la mujer, así que es una zona de paso y, por tanto, un punto débil. Cuando cede, parte del contenido del abdomen empuja hacia fuera y forma un saco bajo la piel: eso es la hernia.

Lo que se asoma suele ser grasa del interior del abdomen o un asa de intestino delgado. En mujeres puede llegar a asomar parte del aparato reproductor, como un ovario. La hernia inguinal es la hernia de pared abdominal más frecuente con diferencia, alrededor de tres de cada cuatro, y a lo largo de la vida la desarrollan cerca del 27 % de los hombres y el 3 % de las mujeres. Aparece más en el lado derecho que en el izquierdo.

Los cirujanos distinguen dos formas, y el nombre aparecerá en tu informe:

  • Indirecta: sale por el propio conducto inguinal, aprovechando un cierre incompleto que ya venía de nacimiento. Es la más frecuente y la típica del adulto joven.
  • Directa: empuja a través de una pared que se ha ido debilitando con los años, por dentro del conducto. Es la del adulto mayor.

Hay una tercera que se confunde con ellas y que conviene tener en la cabeza: la hernia femoral, que sale un poco más abajo, por debajo del pliegue de la ingle. Es mucho menos habitual, aparece sobre todo en mujeres y tiene más tendencia a complicarse, así que casi siempre se repara.

Síntomas: cómo reconocerla

El signo que la define es el bulto, y sobre todo cómo se comporta:

  • Aparece o crece de pie, al toser, al reír o al levantar peso, y se reduce o desaparece al tumbarte.
  • Da sensación de peso, tirantez o ardor en la ingle, más que un dolor punzante.
  • Molesta más al final del día o después de muchas horas de pie.
  • En el hombre puede descender hacia el escroto y notarse ahí.
  • Puede ser completamente indolora. El tamaño no marca las molestias: hernias pequeñas molestan mucho y hernias grandes pasan años sin dar problemas.

Esa cualidad de presión y no de pinchazo es una pista importante. Cuando alguien describe un dolor agudo en la ingle al chutar o al esprintar, y no hay bulto, lo más probable no es una hernia.

Causas y factores de riesgo

Casi nunca hay una sola causa: se combinan una pared predispuesta y años de presión empujando contra ella.

  • Predisposición de nacimiento, cuando el conducto no terminó de cerrarse. Explica muchas hernias indirectas y por qué hay familias enteras con hernias.
  • Sexo masculino y edad. Es varias veces más frecuente en hombres y aumenta con los años.
  • Tos crónica, del fumador o del asmático, que somete la pared a miles de golpes de presión al día.
  • Estreñimiento y esfuerzo al ir al baño, y en hombres mayores la dificultad para orinar por próstata grande.
  • Levantar peso aguantando la respiración. No es el peso en sí, es empujar hacia abajo con la glotis cerrada de forma repetida.
  • Embarazo y cirugías abdominales previas, que dejan zonas menos resistentes.
  • Trastornos del tejido conectivo y, esto sorprende, un peso corporal bajo, que se asocia a más riesgo de hernia inguinal que la obesidad.

Señales de alarma: cuándo ir a urgencias sin esperar

Una hernia puede quedarse atrapada y no volver a entrar, lo que se llama incarceración. Si además se comprometen los vasos que llevan sangre a ese trozo de intestino, hay estrangulación, y eso es una urgencia quirúrgica de horas. Estas son las señales que no admiten espera:

  • El bulto no vuelve a entrar aunque te tumbes, y está duro y doloroso.
  • La piel de encima se pone roja, morada o brillante.
  • Aparecen náuseas, vómitos, fiebre o un dolor abdominal que va a más.
  • El vientre se hincha y dejas de expulsar gases o de hacer deposición.
  • En un bebé o un niño pequeño: bulto en la ingle con llanto inconsolable, vómitos o rechazo de la toma.

Con cualquiera de ellas, urgencias hospitalarias directamente, no la consulta del fisioterapeuta ni la del médico de cabecera al día siguiente.

¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico es clínico y se resuelve en una exploración de dos minutos. Se hace de pie, porque tumbado muchas hernias se esconden: el médico palpa la ingle, te pide que tosas o que empujes y busca cómo el saco asoma contra su dedo. En hombres explora además el orificio a través de la piel del escroto.

La ecografía dinámica, hecha de pie y con maniobra de esfuerzo, se reserva para las dudas y para las hernias que no se palpan. La resonancia entra sobre todo cuando el cuadro es un dolor de ingle de deportista y hay que ver tendones, pubis y pared a la vez.

Quien confirma y trata una hernia inguinal es el cirujano general. En consulta de fisioterapia nuestro papel aquí es reconocerla y derivarte, no diagnosticarla por nuestra cuenta.

Diagnóstico diferencial: qué más puede doler en la ingle

La ingle es un cruce de caminos: por ahí pasan tendones, articulación, nervios, ganglios y vasos. Estos son los cuadros que más se confunden con una hernia y la pista que los delata:

CuadroLa pista que lo delata
PubalgiaNo hay bulto. Duele al chutar, esprintar o cambiar de dirección, y reproduce al presionar el pubis y al juntar las rodillas contra resistencia.
Choque femoroacetabularPinchazo profundo en la ingle al flexionar mucho la cadera o al levantarte del coche. Se señala con la mano en forma de C, no con un dedo sobre un bulto.
Meralgia parestésicaQuemazón y acorchamiento en la cara lateral del muslo, no en la ingle, y empeora con el cinturón o la ropa apretada.
Fractura por estrés de cuello femoral o rama púbicaDolor de ingle que sube semana a semana en un corredor que ha subido volumen, duele al apoyar a la pata coja y no cede con el reposo relativo. Requiere imagen sin demora.
Hernia femoralBulto más bajo, por debajo del pliegue inguinal, más frecuente en mujeres y con más tendencia a estrangularse. Se opera casi siempre.
Ganglio inflamado o adenopatíaBulto duro y bien delimitado que no se reduce al tumbarte, a veces con una herida o una infección en la pierna, o con fiebre. Lo valora el médico.

Si tu caso es dolor de ingle sin bulto, la puerta de entrada es la guía del dolor de cadera e ingle, que ordena todas las causas posibles según dónde y cómo duele.

Tratamiento: por qué la cirugía es el único arreglo definitivo

Una hernia es un defecto mecánico en una pared: no es una inflamación que baje, ni una contractura que ceda, ni un tejido que se regenere si le das tiempo. Para cerrarla hay que ir allí y cerrarla, y eso solo se hace en quirófano.

La reparación consiste en devolver el contenido a su sitio y reforzar la zona, casi siempre con una malla. Se puede hacer por cirugía abierta, con una incisión sobre la ingle, o por laparoscopia, con tres pequeñas puertas de entrada y cámara. La laparoscópica suele dar menos dolor los primeros días y una vuelta algo más rápida a la actividad. La elección depende del tipo de hernia, de si es la primera vez o una recidiva y del equipo que te opere. La mayoría son intervenciones ambulatorias o de una noche.

¿Hay que operar siempre? No de forma automática. En hombres con hernias pequeñas y sin síntomas, esperar y vigilar es una opción aceptada y segura, con la condición de conocer las señales de alarma. Ahora bien, conviene saber cómo termina esa espera: en los estudios de seguimiento, alrededor de 7 de cada 10 hombres que la eligen acaban desarrollando síntomas nuevos o peores en cinco años y pasan por quirófano igualmente. En mujeres se tiende a reparar antes, por la mayor proporción de hernias femorales. Y tras la cirugía, hasta un 10 % de los adultos vuelve a herniarse con los años.

Esa decisión es del cirujano contigo. Lo que aportamos desde fisioterapia es lo de antes y lo de después.

Lo que no cierra una hernia inguinal: faja, hipopresivos y terapia manual

Las tres las escuchamos en consulta cada mes, y las tres se venden como si fueran tratamiento:

  • La faja o el braguero contienen, no reparan. Pueden dar comodidad mientras esperas la fecha de quirófano si tu cirujano lo ve bien, pero no reducen el riesgo de que la hernia se complique y, mal colocados, presionan justo donde no toca.
  • Los hipopresivos y el trabajo abdominal no reconstruyen el orificio por el que sale la hernia. Ningún ejercicio lo hace. Entrenar el control de la presión tiene sentido, pero como acompañamiento, nunca como sustituto de la cirugía.
  • Las técnicas manuales para «reducir» la hernia solo empujan el contenido hacia dentro. El bulto se va un rato y vuelve con la primera tos. Y en una hernia que lleva horas sin entrar, insistir empujando es peligroso.

La regla es sencilla: ningún tratamiento cierra una hernia inguinal sin cirugía.

Fisioterapia para la hernia inguinal: así la tratamos

Nuestro trabajo no es la hernia, es todo lo que hay alrededor: llegar mejor al quirófano y volver a tu vida y a tu deporte con un plan, no con un calendario improvisado.

Antes de operar

Se trabajan tres cosas: cómo respiras cuando haces fuerza, para dejar de empujar hacia abajo cada vez que levantas algo; el mantenimiento de la condición física que sí toleras, porque quien llega fuerte se recupera mejor; y los factores que suben la presión a diario, del estreñimiento a la tos, que son los que empujan la hernia hacia fuera turno tras turno.

Después de operar: las primeras semanas

Caminar empieza el mismo día, poco y a menudo. A partir de ahí vamos sumando: movilidad de cadera y tronco sin tirar de la zona reparada, trabajo de la cicatriz y de los tejidos de alrededor cuando la herida está cerrada, reactivación de abdomen y suelo pélvico coordinada con la respiración, y una progresión de carga que sube por criterios y no por semanas. El criterio para pasar de escalón siempre es el mismo: que el gesto no reproduzca dolor en la ingle ni ese día ni al siguiente.

Cuando la ingle sigue tirando meses después

Una minoría de operados se queda con molestia inguinal persistente: tirantez, quemazón o un dolor que va y viene y que no corresponde a una recidiva. Suele haber ahí una mezcla de tejido cicatricial poco móvil y de irritación de los nervios de la zona, el ilioinguinal, el iliohipogástrico o el genitofemoral, que quedan justo en el campo quirúrgico. Es de las situaciones donde más se nota la fisioterapia, combinando trabajo manual, desensibilización progresiva, ejercicio y, cuando el componente nervioso manda, neuromodulación. Lo primero, eso sí, es que tu cirujano descarte que la hernia ha vuelto.

Ejercicio con una hernia sin operar: qué evitar y qué puedes mantener

Dejar de moverte no protege la pared, la debilita: hay que elegir mejor. Una regla práctica ordena casi todas las decisiones: si un ejercicio hace aparecer el bulto, lo hace crecer o te da dolor en la ingle, ese ejercicio no entra hoy.

Suelen quedar fuera mientras esperas la cirugía:

  • Sentadilla y peso muerto con cargas máximas y apnea sostenida.
  • Prensa de piernas con carga alta, que dispara la presión intraabdominal con el tronco bloqueado.
  • Abdominales con elevación de piernas colgado, sit ups y todo lo que empuje el abdomen hacia fuera.
  • Salto, sprint y contacto si notas el bulto durante la sesión.

Y se mantienen sin problema en la mayoría de los casos: caminar, bici, natación, movilidad, trabajo de tren superior sentado y fuerza de piernas con cargas moderadas. La pieza que más cambia el día a día es respirar exhalando durante el esfuerzo en lugar de aguantar el aire. Si prefieres el plan pautado y con la progresión medida en lugar de entrenar por intuición, eso es lo que hacemos en el programa de ejercicio terapéutico en Barcelona y en Madrid.

¿Cuánto se tarda en recuperarse de la operación?

Estos plazos son orientativos y valen para la mayoría de reparaciones sin complicaciones. La laparoscópica suele ir por la parte baja de cada rango y la abierta por la alta, y quien pone la fecha definitiva es tu cirujano:

ActividadPlazo orientativo
Caminar por casaEl mismo día
Trabajo de oficina5 a 7 días
Conducir1 a 2 semanas, cuando puedas frenar de golpe sin dolor
Trabajo físico o con carga3 a 4 semanas
Bici suave y natación, con la herida cerrada2 a 4 semanas
Correr4 a 6 semanas
Fuerza con carga alta y deporte de contacto6 a 12 semanas, con el alta del cirujano

El dolor de los primeros días es esperable y va bajando en una o dos semanas. Un bulto blando sobre la zona operada las primeras semanas suele ser un seroma, no una recidiva, y lo valora quien te operó.

Errores frecuentes (y qué hacer en su lugar)

Error habitualQué hacer en su lugar
Esperar a que baje sola porque «algunos días casi no se nota»Pedir valoración con cirugía. Que se reduzca al tumbarte no significa que se esté cerrando.
Empujar el bulto hacia dentro cada vez que sale y seguir con la misma vidaReducirlo con suavidad es aceptable, pero si un día no entra y duele, urgencias sin esperar.
Comprar una faja por internet como tratamientoUsarla solo como contención puntual y si te la indican, sabiendo que no repara nada.
Dejar todo el ejercicio por miedoMantener lo que no reproduce el bulto ni el dolor: caminar, bici, natación y fuerza moderada.
Aguantar la respiración al levantar pesoExhalar durante el esfuerzo y bajar la carga hasta poder hacerlo sin bloquear el aire.
Volver al gimnasio a las dos semanas de operarte porque ya no dueleSubir por fases y con criterios, con el visto bueno del cirujano antes de la carga alta.
Dar por hecho que todo dolor de ingle es una herniaExplorar la cadera y el pubis: sin bulto, lo más probable es pubalgia o un problema articular.

Mi opinión como fisioterapeuta

Es una de las pocas patologías donde mi trabajo empieza diciendo lo que no puedo hacer. Y lo prefiero así: he visto a demasiada gente perder meses con fajas, hipopresivos y sesiones de terapia manual buscando cerrar algo que solo cierra un cirujano, y llegar al quirófano más tarde, con la hernia más grande y con menos forma física.

Donde sí cambiamos el resultado es en los dos extremos. Antes, enseñándote a manejar la presión y llegando fuerte a la operación. Después, con una progresión ordenada, que es justo lo que casi nadie recibe al salir del hospital: un folio con recomendaciones no es un plan de vuelta al deporte. Y hay un tercer escenario, el del dolor inguinal que persiste meses después de una cirugía técnicamente correcta, donde muchos pacientes se sienten abandonados y donde con paciencia se recupera bastante terreno.

Si tienes un bulto en la ingle, tu primera cita es con un cirujano. Si ya te han operado o si el dolor de ingle no tiene bulto que lo explique, podemos ayudarte: en la clínica de fisioterapia en Barcelona y en la de fisioterapia en Madrid valoramos el caso completo, no solo la zona que duele.

Preguntas frecuentes sobre la hernia inguinal

¿Se puede curar una hernia inguinal sin operación?

No. Una hernia inguinal es un agujero en la pared abdominal por el que se cuela contenido del abdomen, y ese agujero no se cierra solo ni con ejercicio, ni con faja, ni con terapia manual. El único tratamiento que repara el defecto es la cirugía. Lo que sí se puede hacer sin operar es controlar lo que aumenta la presión abdominal y mantener la actividad que no la reproduce.

¿Es peligroso vivir con una hernia inguinal sin operar?

Si es pequeña y no da síntomas, tu cirujano puede proponerte esperar y vigilar, y es una opción razonable en hombres. El riesgo de que se estrangule es bajo, pero existe, y la mayoría acaba operando con los años porque la hernia crece y empieza a molestar. En mujeres se suele recomendar reparar antes, porque es más frecuente que la hernia sea femoral y esas se complican más.

¿Puedo ir al gimnasio con una hernia inguinal?

Sí, adaptando. La regla práctica es sencilla: si un ejercicio hace aparecer el bulto, lo hace crecer o te da dolor en la ingle, ese ejercicio no toca ahora. Suelen caer los máximos en sentadilla y peso muerto, la prensa con carga alta y los abdominales con elevación de piernas. Se mantienen caminar, bici, natación y buena parte del trabajo de fuerza con cargas moderadas y respiración controlada.

¿Cuánto tiempo se tarda en volver a la vida normal después de operarse?

Un trabajo de oficina suele retomarse en 5 a 7 días y uno físico entre la tercera y la cuarta semana. Correr entra sobre la cuarta a sexta semana y la fuerza con carga alta o el deporte de contacto entre la sexta y la duodécima, con el alta del cirujano. La cirugía laparoscópica suele ir algo más rápida que la abierta.

¿Es lo mismo una hernia inguinal que una pubalgia?

No. La hernia da un bulto que aparece de pie o al toser y desaparece al tumbarte, y su sensación dominante es de peso o presión. La pubalgia no da bulto: da dolor al chutar, esprintar o cambiar de dirección, y duele al presionar el pubis y al juntar las rodillas contra resistencia. Se confunden porque duelen en la misma zona y porque pueden coexistir en el mismo deportista.

¿Los hipopresivos sirven para la hernia inguinal?

Para cerrarla, no. Ningún ejercicio abdominal reconstruye la pared por la que sale la hernia. Los hipopresivos y el trabajo de control de la presión sí tienen sentido como parte de un plan, sobre todo después de operarte y para aprender a no empujar hacia abajo cada vez que levantas peso, pero no son un tratamiento de la hernia.

Enric Gallofré, fisioterapeuta y osteópata

«Ser fisioterapeuta es estar comprometido con el paciente: estar ahí y prepararse para una persona que confía en ti y deja su salud en tus manos.»

Escrito y revisado por Enric Gallofré, fisioterapeuta y osteópata colegiado nº 11099 (Col·legi de Fisioterapeutes de Catalunya).

Director de las Clínicas de Fisioterapia y Osteopatía Enric Gallofré en Barcelona y Madrid: más de 12.000 pacientes atendidos, 554 reseñas (4,9/5) en Barcelona y 270 reseñas (4,9/5) en Madrid, Doctoralia Awards 2018 y 2019.

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