
El US Open arranca el 30 de agosto y una de sus campeonas no estará. El motivo es una lesión que casi nunca llega por sorpresa: cuando se diagnostica, lleva meses avisando.
Qué ha pasado
Emma Raducanu se retiró del US Open 2026 a principios de agosto por una fractura por estrés en la pierna derecha. La lista de bajas del torneo la concreta: se trata de una fractura por estrés de grado 4 en la tibia.
Lo más interesante para quien lee esto desde fuera del tenis profesional es cómo empezó. La jugadora lo describió como una molestia en la parte baja de la pierna que arrastraba desde el final de la temporada de tierra batida. Esa molestia la llevó hasta la final de Queen's a principios de junio y después la obligó a retirarse de Wimbledon. En agosto seguía con una bota de protección y dando los primeros pasos sobre la pista.
Es decir: entre la primera señal y el diagnóstico de una fractura pasaron semanas de competición.
Qué es una fractura por estrés y por qué no es un hueso roto de golpe
Una fractura por estrés no la produce un golpe. La produce la repetición. El hueso es un tejido vivo que se remodela: se reabsorbe y se vuelve a formar continuamente. Cuando la carga sube más deprisa de lo que el hueso puede adaptarse, la reabsorción va por delante de la formación y aparece primero una zona debilitada, luego edema y, al final, una línea de fractura.
Por eso no es un problema de un día, sino de un proceso, y por eso el nombre correcto de todo el conjunto es lesión ósea por estrés: la fractura es solo su último escalón. En la guía sobre fracturas por estrés está el cuadro entero, incluidas las zonas donde aparece con más frecuencia y las que se consideran de alto riesgo.
Antes de que se vea una línea de fractura, lo que hay en la resonancia es edema óseo, que es la misma historia contada un escalón antes.
Qué dice la evidencia
La escala que explica el «grado 4»
La clasificación que se usa para la tibia es la de Fredericson, y va por lo que se ve en la resonancia magnética:
| Grado | Qué se ve en la resonancia | Qué suele notar la persona |
|---|---|---|
| 1 | Edema solo en el periostio, la capa que envuelve el hueso | Molestia difusa que mejora al calentar |
| 2 | Edema del periostio y de la médula ósea en una secuencia | Dolor que ya aparece antes de acabar el entrenamiento |
| 3 | Edema de médula ósea en las dos secuencias | Dolor localizable con un dedo, que limita la actividad |
| 4 | Todo lo anterior y línea de fractura visible | Dolor al andar, y a veces también en reposo |
Un matiz: aunque el grado alto se asocia a más tiempo de baja, una revisión sistemática publicada en The American Journal of Sports Medicine concluyó que la correlación entre el grado de la resonancia y el tiempo de vuelta al deporte no es tan directa como parecería. La imagen orienta el pronóstico, pero no lo sustituye: la clínica y la localización pesan igual o más.
Newsletter de la clínica
¿Te enviamos más información sobre cómo cuidar tus articulaciones y tu espalda a tu correo electrónico?
Lo que hacemos en consulta, explicado para casa: qué ayuda, qué no y cuándo conviene que te vea un fisioterapeuta.
Por qué la localización importa tanto
No todas las fracturas por estrés se comportan igual. En la tibia, las de la cara posteromedial suelen responder bien a la retirada del impacto. Las de la cara anterior se consideran de alto riesgo porque el hueso está sometido a tracción y consolidan peor, y ahí los plazos se alargan de forma notable.
El factor que se investiga y casi nunca se pregunta
Detrás de una lesión ósea por estrés no siempre hay solo un exceso de entrenamiento. Con frecuencia hay un desequilibrio entre la energía que se gasta y la que se ingiere, que compromete la salud del hueso. Es un cuadro descrito y con nombre propio en medicina deportiva, y es especialmente relevante en deportes de resistencia y en mujeres deportistas. Cuando se repiten las lesiones óseas, esto se estudia; si no, se está tratando el síntoma.
Mi lectura como fisioterapeuta
Lo que hace didáctico este caso no es el grado 4, es la frase de la jugadora sobre la molestia que arrastraba desde hacía semanas. Esa es exactamente la conversación que tenemos en consulta con corredores populares y jugadores de pádel: una espinilla que molesta, que mejora al calentar, que se aguanta.
El patrón que debería encender la alarma es ese: dolor que mejora al calentar y reaparece al terminar, cada vez con menos volumen de entrenamiento por delante. Cuando el dolor pasa a aparecer al caminar, el proceso ya lleva tiempo en marcha.
Sin conocer el caso concreto, lo habitual en estas lesiones es que el error de manejo sea el mismo por partida doble. Primero, seguir entrenando porque «solo molesta al principio». Y después, cuando ya hay diagnóstico, quedarse únicamente con la parte del reposo. El hueso necesita que se le quite el impacto durante un tiempo, sí, pero también necesita que se corrija lo que lo sobrecargó: la progresión de carga, la fuerza de la pierna y, cuando toca, la disponibilidad energética.
En la clínica el trabajo de estas semanas no es esperar. Es mantener la condición física sin impacto, recuperar fuerza y planificar el regreso a la carrera de forma medida, que es la parte donde se producen las recaídas.
Este análisis es divulgativo y se basa en la información publicada oficialmente. No es un diagnóstico del caso concreto.
Y si te pasa a ti
La señal característica es un dolor localizable con la punta de un dedo sobre el hueso, que aparece con el impacto y va ganando terreno semana a semana. No es el dolor difuso y extenso de una sobrecarga muscular.
Si te reconoces ahí, lo que no conviene hacer es esperar a que ceda solo mientras se sigue entrenando, ni asumir el diagnóstico de periostitis sin más. La diferencia entre un grado bajo y una línea de fractura son semanas de evolución, y el tiempo de baja cambia mucho de una a otra.
Si llevas tiempo con una molestia en la espinilla o quieres volver a correr sin repetir el problema, puedes pedir cita en nuestras clínicas de fisioterapia deportiva en Barcelona y fisioterapia deportiva en Madrid.