
El 29 de agosto arranca la Liga F 2026-27 con dieciséis equipos. Y como cada temporada, hay una lesión que condiciona plantillas enteras.
Qué ha pasado
Este no es el comentario de un parte médico concreto, sino del contexto con el que empieza la competición. La rotura del ligamento cruzado anterior se ha consolidado como el problema estructural del fútbol femenino, hasta el punto de que las instituciones han pasado de comentarlo a financiarlo: la UEFA creó un panel de expertas y expertos en salud femenina que situó el cruzado como su primer foco de trabajo, y en Inglaterra hay en marcha un proyecto de tres años impulsado por los sindicatos de jugadoras junto a una universidad para estudiar qué condiciones lo favorecen.
Ese proyecto es revelador por lo que mide: no solo aterrizajes y musculatura, sino instalaciones, número de empleados por plantilla, desplazamientos y horarios de partido. Es decir, condiciones de trabajo.
Qué es esta lesión y por qué aparece sin que nadie te toque
El ligamento cruzado anterior impide que la tibia se desplace hacia delante y controla la rotación de la rodilla. Se rompe cuando esas fuerzas superan lo que puede aguantar, y el gesto típico no es un choque: es un aterrizaje o un cambio de dirección con el pie fijo en el suelo, la rodilla que se va hacia dentro y el tronco descolocado. Más del 70 % de los casos en fútbol femenino se producen así, sin contacto.
Que sea sin contacto tiene una consecuencia directa para la prevención: significa que hay un patrón de movimiento detrás, y los patrones se entrenan.
Sobre qué hacer una vez ocurrida, la decisión de operarse o no está desarrollada en la guía de rotura de LCA sin operar, y cuando el cruzado se acompaña de menisco o de otro ligamento, el escenario cambia y está en lesiones combinadas de rodilla.
Qué dice la evidencia
Cuánta más frecuencia, y por qué la cifra baila tanto
Según el estudio que se consulte, la incidencia en mujeres se sitúa entre 2 y 6 veces la de los hombres, y algunos trabajos amplían todavía más ese rango. La dispersión no es un defecto de las fuentes: depende de la edad estudiada, del nivel competitivo y de cómo se contabilizan las horas de exposición. La diferencia aumenta de forma marcada a partir de la adolescencia.
En España, un estudio descriptivo analizó 94 lesiones de cruzado en 71 jugadoras de primera y segunda división a lo largo de diez temporadas, y confirmó el patrón: predominio del mecanismo sin contacto y más lesiones en partido que en entrenamiento.
Los factores, separados por lo que se puede cambiar
| Tipo de factor | Cuáles son | ¿Se puede modificar? |
|---|---|---|
| Anatómicos y hormonales | Anchura de la pelvis, tamaño del surco intercondíleo, laxitud ligamentosa, variaciones del ciclo menstrual | No, o muy poco |
| Neuromusculares | Control del aterrizaje, rodilla que colapsa hacia dentro, fuerza de glúteo e isquiotibiales, control del tronco | Sí, y es donde más se gana |
| De carga y calendario | Acumulación de partidos, viajes, poco descanso entre encuentros | Sí, pero no depende de la jugadora |
| De contexto y recursos | Años de preparación física previa, personal de apoyo por plantilla, calidad del terreno, material adaptado | Sí, y es estructural |
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Qué reduce el riesgo
Los programas de prevención neuromuscular, del tipo de los que se hacen como calentamiento estructurado, son la medida con más respaldo. Un metaanálisis de metaanálisis publicado en el Journal of Orthopaedic Research concluyó que estos programas reducen de forma sustancial las lesiones de cruzado, con estimaciones que rondan la mitad del riesgo, y con un efecto especialmente claro en mujeres.
Lo que incluyen no es misterioso: trabajo de fuerza de cadera y muslo, técnica de aterrizaje y de frenada, control del giro y trabajo de equilibrio. Lo difícil no es el contenido, es hacerlo dos o tres veces por semana durante toda la temporada, que es donde se abandona.
Y después, la vuelta
La segunda rotura es un problema tan grande como la primera. La cohorte Delaware-Oslo mostró que el riesgo de recaída bajaba un 51 % por cada mes que se retrasaba la vuelta hasta los 9 meses, y que quienes no superaban los test de fuerza y salto antes de volver se relesionaban en un 38,2 % de los casos, frente al 5,6 % de quienes sí los pasaban. Ese criterio es el mismo para cualquier persona, juegue donde juegue.
Mi lectura como fisioterapeuta
Hay una forma de contar esta diferencia que no me convence, y es la que la reduce a la anatomía femenina, como si fuese un destino. Los factores anatómicos y hormonales existen y no se pueden cambiar, pero son solo una parte, y centrar el relato en ellos tiene un efecto secundario indeseable: sugiere que no hay nada que hacer.
Sí lo hay. Los factores neuromusculares, la carga de competición y los recursos disponibles son modificables, y en el fútbol femenino han estado durante años en peor situación que en el masculino. Muchas jugadoras han llegado a la élite con menos años de preparación física estructurada detrás, y eso no es biología.
En la consulta esto se traduce en algo concreto con las jugadoras amateur y de categorías de formación, que son las que vemos: casi ninguna hace un calentamiento estructurado con trabajo de fuerza y de aterrizaje. Se hacen carreras suaves y estiramientos, que es lo que se lleva haciendo décadas y lo que peor previene.
Sin entrar en casos concretos, lo habitual tras una rotura de cruzado es que el momento crítico no sea la operación, sino los meses siete a doce, cuando la rodilla ya no duele y la sensación es de estar recuperada. Ahí es donde el alta por calendario produce más recaídas, y donde el trabajo de fuerza y de salto todavía tiene mucho que decir.
Este análisis es divulgativo y se basa en la información publicada oficialmente. No es un diagnóstico del caso concreto.
Y si te pasa a ti
Si juegas al fútbol, la medida más eficaz es la más aburrida: incorporar un calentamiento estructurado con fuerza, saltos y técnica de aterrizaje, y sostenerlo toda la temporada. Vale para adultas y vale, sobre todo, para las categorías de formación, que es donde el patrón de movimiento todavía se moldea con facilidad.
Si la lesión ya se ha producido, lo que más determina el resultado no es quién opera, sino cómo se lleva la rehabilitación y con qué criterios se da el alta. Pide números: fuerza comparada con la otra pierna y batería de saltos. Una vuelta decidida por fecha es el escenario con más recaídas.
Si quieres un programa de prevención o estás en rehabilitación de cruzado, puedes pedir cita en nuestras clínicas de fisioterapia deportiva en Barcelona y fisioterapia deportiva en Madrid.